Una película contra la intolerancia gana el primer Goya para Venezuela

El premio llega en un momento de resplandor para el cine venezolano,
El Pais | Febrero 10 de 2014
Azul y no tan rosa, la ópera prima del director y actor Miguel Ferrari, le ha dado a Venezuela la mejor de las noticias en este año que comienza. La película ha recibido el Premio Goya al mejor filme iberoamericano superando en la competición a La jaula de oro, El médico alemán y Gloria, opciones de México, Argentina y Chile.
 
El premio llega en un momento de resplandor para el cine local. En septiembre otra producción venezolana, Pelo malo, de Mariana Rondón, recibió la Concha de Oro, el máximo galardón en el festival del cine de San Sebastián. Ambas películas son un clarín contra la intolerancia y la homofobia que caracterizan de esta sociedad. También en 2013 La distancia más larga, de Claudia Pinto, había recibido el premio a la Mejor Película Latinoamericana del Festival de Montreal, otro certamen de clase A.
 
El realizador Miguel Ferrari, conmovido casi hasta las lágrimas, subió al escenario a recibir el premio acompañado de parte de elenco y de la producción: los venezolanos Guillermo García, Hilda Abrahamz, Daniela Alvarado y el español Nacho Montes. Con la directora de fotografía, Alexandra Henao, estableció un momento de complicidad entre la retahíla de reconocimientos que hizo. “Fuiste mis ojos”, le dijo mientras le tomaba la mano. “Este es el primer Goya para Venezuela”, dijo apenas recibió la estatuilla.
 
Hasta esta edición Venezuela había competido sin éxito en seis ocasiones anteriores. La última de ellas, “Amaneció de golpe”, del cineasta Carlos Azpurúa, es un drama coral que discurre paralelo a la intentona golpista que en 1992 representó la puesta en largo del comandante Hugo Chávez.
 
Estrenada en noviembre de 2012, Azul y no tan rosa acumuló más de medio millón de asistentes en los largos meses que permaneció en la cartelera local. Prueba de su éxito comercial podría medirse en el hecho de que entre enero y septiembre de 2013 de las 2.020.000 personas que habían comprado boletos para ver alguna producción venezolana, 436.000 eran espectadores de Azul y no tan rosa.
 
La crítica no la recibió muy bien a esta amable tragicomedia, aunque todos rescataban el hecho de hablar de la diversidad sexual, la transexualidad y la violencia de género, un tema casi tabú en el medio. Hasta hace algunos años el cine local era el reducto de filmes donde abundaban groserías, los delincuentes y las prostitutas sin mucho vuelo poético, a excepción de algunos filmes de Román Chalbaud. En el último tiempo solo Cheila, una casa pa’ Maita (2010), una producción que tampoco contó con el aplauso de los entendidos, contaba la historia de una protagonista que quería cambiar de sexo.
 
Tal vez por esa razón Ferrari, un conocido actor de culebrones que reside en España desde hace algunos años, calificó a sus actores de valientes. “Ellos se atrevieron a interpretar esta película y a poner voz y corazón a unas personas que no se interpretan por prejuicios”. “Hice una película que les habla a todos, independientemente de la opción que tengan. Una historia sobre el amor y el reencuentro. Ojalá algún día los venezolanos lleguemos a reencontrarnos y a respetarnos a pesar de nuestras diferencias”, agregó.
 
Más tarde, en declaraciones a la cadena venezolana Globovisión, que en un despliegue inusual para la televisión local envió a un equipo a cubrir la gala, el cineasta dijo: “El premio es un espaldarazo para mi carrera y para la cinematografía de nuestro país, que viene con mucha fuerza. Las buenas noticias se agradecen porque a pesar de las dificultades vamos a ir a una mejor Venezuela. Somos gente trabajadora, generosa y honesta. Esto es un subidón grande y gigantesco”.
 
Parece imposible no darle una lectura política a las palabras que ha pronunciado Ferrari. El Partido Socialista Unido de Venezuela, supuestamente abierto a discutir y aceptar la diversidad sexual, ha mostrado su lado más retrógrado en momentos cumbres de la gran polarización política que vive este país desde hace quince años. En abril de 2012, cuando era canciller, el presidente Nicolás Maduro llamó “mariconsones” a miembros de la oposición. Cuatro días después tuvo que pedir disculpas “por una expresión que tenía otra connotación”. En cualquier caso, la película premiada este domingo tuvo financiación estatal y Maduro felicitó al equipo a través de su cuenta de Twitter.
 
Quien nunca pidió disculpas fue el diputado chavista Pedro Carreño. En una recordada intervención en el Parlamento venezolano, poco después de las elecciones presidenciales que eligieron a Maduro como sucesor del fallecido Hugo Chávez llamó “maricón” al entonces candidato presidencial Henrique Capriles Radonski.
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