Los árboles contenidos

Nos sumergimos en el mundo de los bonsáis para conocer su identidad, algunos aspectos de su mantenimiento y el cuidado que requieren
Caracol 1260 | Febrero 17 de 2013
Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día

S e puede estar cansado, abrumado o, por otra parte, tranquilo y feliz, y de todos modos los bonsáis transmiten un sentido de armonía y equilibrio estético sin igual. La naturaleza es así, pero con esos árboles que pueden ser pequeñitos o más grandes de lo que se pueda imaginar se tiene la sensación que envían magia a quien los observa, toca o maneja.

Eso nos pasó cuando recorrimos el espacio de sobre 1,000 bonsáis del presidente de la Federación de Bonsái de Puerto Rico y la Federación Latinoamericana y Caribeña de Bonsái, Pedro J. Morales, y una colección pequeña, pero igual de encantadora del actor y maestro Yamil Collazo.

La historia de los bonsáis da cuenta de su aura milenaria que se origina en China y adquiere otros bríos en Japón para paulatinamente convertirse en una práctica admirada por muchos y seguida por tantos más inspirados por su belleza y las posibilidades espirituales que deja en quien lo cuida.

“El bonsái se considera un arte viviente que no termina. Fíjate que la pintura y la escultura terminan cuando terminas tu obra. En el caso del bonsái tienes que seguir manteniendo la planta, podarla, alambrarla, echarle agua porque si no se muere. Es una planta que está restringida a un espacio, que consumirá todos los nutrientes en ese espacio, y si no se los repones, se muere”, dice Morales.

Para Collazo, los bonsáis son unas esculturas vivientes. “Hay gente que lo ven como una especie de artesanía, con mucho trabajo y técnicas que se repiten; y eso está bien. Pero hay gente como yo que le empiezan a dar el giro de un lenguaje artístico, de comunicar tus maneras de ser, tu filosofía a través del diseño de un árbol porque a fin de cuentas es un ente vivo, pero es una escultura que sigue cambiando”, expresa el artista al mostrar el paso del tiempo en sus bonsáis.


Entre significados

Las definiciones y connotaciones que se le pueden otorgar a un bonsái son variadas. Según el Diccionario de la Real Academia Española, hablamos de una “planta ornamental sometida a una técnica de cultivo que impide su crecimiento mediante corte de raíces y poda de ramas”.

Por otra parte, como enfatiza Morales, un bonsái no atrofia el crecimiento de la planta. “Hay gente que piensa que los bonsáis lastiman las plantas. Si sacas a una planta de su tiesto de bonsái, después de 300 años seguirá creciendo como una planta normal porque su crecimiento no se daña en ningún sentido”, ilustra Morales, fundador y director de la escuela Futago Bonsái Jyuku y quien cumple este año tres décadas de impartir cursos de bonsái.

Por la definición que Morales recoge en su libro Bonsái tropical, el origen japonés de la palabra da indicios de su significado: “bon”, bandeja o tiesto, y “sai”, que crece o es cultivado. En otras palabras, “el árbol que crece y es cultivado en un tiesto”, como resume Collazo.

De ahí que la conversación del bonsái se ate frecuentemente al llamado entrenamiento que alude a la dirección y cuidado que uno le debe dar al árbol. Según Collazo, es convertir el árbol en un bonsái.

“Para los bonsáis se usan plantas de larga vida, que su tronco produzca madera y que idealmente sea de hoja pequeña porque no usamos nada de hojas grandes que no tengan proporción con el tamaño del bonsái”, explica Morales.

De modo que un bonsái puede ser desde un árbol de acerola, un roble, un úcar, un ficus, una trinitaria, un flamboyán rojo, por citar algunos porque, como detalla Morales, la cantidad de plantas que pueden tornarse bonsái es amplia.

“Y en el trópico más todavía”, dice al recordar que en los bonsáis los tamaños varían, aunque muchos asocien estos árboles a la pequeñez.

Son como nosotros. “Unos crecemos grandes y otros chiquitos. Mira a Piculín (el exbaloncelista José Ortiz) que es grandísimo”, compara.


Detalles básicos

Los cuidados que exige mantener un bonsái (desde la poda, estar pendiente de que no carezca de fertilizantes, hasta velar por que no le dan plagas, por ejemplo) son diversos y, como recomienda Collazo, si bien referencias como libros ayudan, lo ideal es apuntarse en un curso, consultar con expertos y tener el compromiso de la práctica.

Vamos, es que se trata tanto de un arte como de un interés espiritual y de jardinería.

Los maestros coinciden que tener un bonsái no es tan difícil como algunos podrían pensar. Se trata, según Collazo y Morales, de un trabajo dedicado.

“Esto lo puede hacer cualquiera. Tener el cuidado de tres, cinco arbolitos no es difícil. Hay que tener conocimiento de unas técnicas básicas que no son difíciles de aprender. Hay que brindarles tiempo, pero si tienes un árbol más allá de echarle agua todos los días, podarlo de vez en cuando (según su nivel de entrenamiento), monitorearlo de los insectos y trasplantarlo cada año”, afirma Collazo al decir que uno desarrolla una relación con este ser que si bien depende de la naturaleza, de alguna manera, se comunica dejando ver qué necesita.

Al mostrar una nia, árbol nativo de Puerto Rico que fue colectado (que estaba sembrado y se sacó de ese sitio para trabajarlo para bonsái, de acuerdo con Morales) y que lleva 22 años en entrenamiento, comenta cuán importante es dejar espacio entre las ramas del bonsái.

“La filosofía china dice que el espacio entre las ramas es para que los pájaros pasen, pero en la realidad de horticultura, el espacio entre las ramas es para que el sol llegue hasta aquí adentro”, menciona al poner su mano entre las ramas al indicar que si el sol no llega, estas se secan y mueren.

Entre las herramientas básicas para tener un bonsái, Collazo destaca los alambres que se utilizan para fijar ramas en ciertas posiciones. En el caso de los árboles más jóvenes, Morales indica que, para tratar de que la planta simule un árbol adulto, se le colocan los alambres y las ramas se llevan hacia abajo.

“Ponerlas en ese ángulo hacia abajo te da la impresión de que es un árbol adulto. Normalmente las plantas más jóvenes echarán las ramas hacia arriba”, menciona al hablar sobre una de las mayores diferencias entre un bonsái más joven y uno más viejo.

En torno a herramientas, Collazo destaca -entre otras- la tijera de poda, tenaza de corte como la cóncava (que sirve para cortes pegados al tronco o para ramas más grandes de modo que el árbol no exhiba sus cicatrices), el rastrillo que desenreda las raíces para quitar la tierra gastada y los palitos de bambú que se emplean para, entre otras funciones, acomodar la tierra nueva a través de las raíces.

Como muchos han observado, los tiestos son para los bonsáis lo que un marco es para un cuadro. “Las macetas tienen que tener patitas y buen drenaje. No pueden ser flat, para que el agua libere rápido”, sostiene Morales al recordar que este recipiente debe estar en proporción con el árbol y que es recomendable que sea en cerámica o en barro para que absorba humedad.

En el vivero de Morales, donde tiene decenas de árboles jóvenes en entrenamiento, cuenta que se propagan (sacar “hijitos” de la planta) por esquejes (ganchos) o semillas hasta que desarrollan su tronco. Comenta que esa es la forma más lenta de hacer un bonsái y que el tiempo en el que un árbol desarrolla un buen tronco depende de su especie. “La forma más fácil de crecimiento es sembrarlos en tierra, dejarlos que se desarrollen, y entonces pasarlos a su tiesto de bonsái”, subraya.

Collazo aconseja, por su parte, que para principiantes es conveniente iniciarse comprando un bonsái hecho, barato o caro, según sus posibilidades económicas.

El diseño y tamaño de un bonsái dependen de lo que la misma especie dicta. “Uno le impone al árbol unas exigencias de diseño, pero uno tiene que contar con lo que el árbol da; lo que le llamamos el material”, manifiesta Collazo al afirmar que es clave estudiar la especie del árbol para entender, entre otros aspectos, de qué puede enfermar o cuál es su mejor época.

En la colección de Morales hay alrededor de ocho bonsáis que han sido reconocidos en competencias internacionales. Precisamente un roble blanco, que obtuvo el tercer lugar en el World Bonsai Contest que se celebra en Japón anualmente (y que para la de este año, 10 árboles representarán a Puerto Rico), es el que Morales considera su árbol más valioso. Cuenta que el bonsái, que se sacó de detrás de la cárcel Las Cucharas de Ponce en 1996, se vendería en Japón en sobre $2 millones, aunque en Puerto Rico la cultura del bonsái no tenga ese nivel.

Según Morales, a pesar de que hay bonsáis que están valorados en miles de dólares, hay árboles que se pueden adquirir desde aproximadamente $10, $15 o $20, que son plantas en tiestos de bonsái que están dando sus primeros pasos con una definición de diseño.

La práctica del bonsái en Puerto Rico ha tenido diversos capítulos, como celebraciones de convenciones y momentos de auge gracias también a clubes. Actualmente, la necesidad de acercarse más a la naturaleza en tiempos vertiginosos y saturados de concreto es una de las razones que los dos maestros resaltan de su apogeo hoy día.

Como finaliza Collazo, “el que hace bonsái, lo sepa o no, es porque ama la naturaleza”.

La energía que envían, como asegura, es la herencia resonante que estos árboles nos dejan para vivir de otra manera.
Mi opinión: (Máximo 1.000 caracteres)

(*) Si el mensaje excede el número máximo de caracteres será truncado automáticamente por el sistema.
Nombre - Obligatorio
Email - Obligatorio
Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de CARACOL1260
  • No está permitido registrar comentarios contrarios a las leyes de este país o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Los mensajes aparecerán publicados en unos minutos.
© Caracol 1260 2100 SW Coral Way Suite 200 Miami, FL - 33145 - (305) 285.1260 - 1 800 4411260 - Caracol 1260 es una empresa de Medición: