El lado oscuro del conformismo

Expertos sugieren rebelarse y abordar sin miedo las realidades que te gustaría cambiar
EFE | Julio 19 de 2013
Más vale malo conocido que bueno por conocer’, reza ese dicho popular que considera preferible resignarse a lo que nos desagrada o daña en lugar de arriesgarse a cambiarlo o conseguir algo nuevo.

Frases conformistas como esta –sugieren expertos– suelen ser letales para el entusiasmo y la voluntad de superación de una persona, pues están cargadas de un inmovilismo capaz de llevar al desánimo y, en casos extremos, a vivir desesperado en el silencio.

El psicólogo clínico Carlos Odriozola, director del Centro de Psicología Humanista en Málaga (España), sugiere que se trata de “el lado oscuro del conformismo, esa actitud de adaptarse a cualquier circunstancia o situación con excesiva facilidad, en lugar de rebelarse contra ella”. El especialista, autor de un curso llamado Psicología práctica para la vida, invita a no conformarse con “los roles que la sociedad tiene previstos para nosotros, ni rendirnos a las expectativas ajenas, a lo que los demás esperan de nosotros”. “Hemos de exigirnos a nosotros mismos estar en contacto con nuestras polaridades y potencialidades, recordando que afortunadamente somos seres completos, singulares, únicos e irrepetibles”, aconseja.

La psicóloga clínica Angie Vázquez Rosado, catedrática asociada de la Universidad Interamericana de Puerto Rico (UIPR) en San Juan, comenta que “varias teorías y estudios clásicos, tanto en psicología social como en sociología, han sugerido que el ser humano es tan conforme y maleable que pareciera desaparecer como entidad individual para ser absorbido por otra identidad: la sociedad”. La experta añade que un estudio sobre el conformismo e inconformidad social de Salomón Asch (un psicólogo social estadounidense, ya fallecido), “encontró que hasta un 75 por ciento de las personas podían dar intencionalmente respuestas equivocadas para coincidir con las opiniones de otras personas”. En opinión de la catedrática de la UIPR, esta investigación “confirma la hipótesis de que la necesidad de aprobación social es de tal magnitud que las personas ceden sus verdaderas opiniones -aun a conciencia de que están diciendo un error o un disparate- para pertenecer y no ser rechazados socialmente”.

En vez de conformarse con una educación basada en el miedo, la comparación, el ridículo y el castigo, dice Odriozola, “hay que exigir para nosotros mismos y nuestros seres queridos, que esa educación se base en la motivación, el estímulo, la creatividad y la cercanía”.

El estilo de crianza al que son expuestas las personas es fundamental. Para Vázquez Rosado, “no se nace conforme ni obediente, ambas son conductas aprendidas. En las culturas latinoamericanas, por ejemplo, los adultos tienden a criar con sobreprotección, fomentando personalidades con mucha dependencia emocional y conformidad como virtud de buen hijo o hija”.

Para la psicóloga clínica Angie Vázquez, “la conducta social que se espera de los miembros de un grupo va dirigida hacia las cosas que debe hacer todo el mundo. Se enseña desde la infancia que obedecer es una forma positiva de conducta”. Esto significa que “muy temprano en el desarrollo se aprende la conveniencia de acatar valores, tradiciones, costumbres, hábitos y conductas mediante la obediencia de normas y guías sociales”, asegura Vázquez .

Respecto al conformismo social, el psicólogo Carlos Odriozola se muestra categórico y recomienda exigir “rebeldía y cuestionamiento, hasta conformar nuestra propia y personalizada jerarquía de valores y principios, en lugar de hacer nuestros automáticamente los valores y creencias que la sociedad nos ha trasmitido”. Leonor Lega, catedrática de Psicología en el Saint Peter’s College, en New Jersey (EE.UU.), asegura que “la persona con diálogos internos basados en la autoaceptación, que cambian las exigencias por sanas preferencias, sin juzgarse a sí misma ni a los demás, se sentirá sanamente frustrada y molesta por ello, pero no deprimida”. Según Lega, el ser humano no puede controlar los acontecimientos pero sí la manera de vivirlos, y puede crear su propio destino emocional.

Resistirse ante la presión social

La rebeldía que plantean los expertos como antídoto para luchar contra el conformismo llega hasta el propio cuerpo, dice el psicólogo clínico Carlos Odriozola. “No podemos vivir basados en la moda, la presión social y las costumbres, ni mantener relaciones mediocres basadas en la aprobación condicional, la prostitución afectiva o compraventa interesada”. En cambio, hemos de exigir relaciones de gozo y crecimiento, de respeto y consideración, donde nuestro desarrollo como personas sea lo prioritario. La razón: porque nos lo merecemos”, agrega.
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