Cuando se pierde un embarazo

El manejo apropiado de la situación en el hospital puede ayudar a los padres a enfrentar el duelo
Caracol 1260 | Agosto 26 de 2013
Por Camile Roldán Soto / croldan@elnuevodia.com

Perder siempre tiene algo de terrible. Cuando no son objetos lo que se pierde, sino seres humanos, la cosa es aún peor, porque lo que une a las personas es una combinación de sentimientos única e indescifrable. Por eso, ninguna pérdida es igual a otra.

Es lo que se desprende de las experiencias que cuenta un grupo de madres, quienes han pasado por la triste situación de perder a un hijo en la sala de un hospital.

Parejas o madres solas tienen que dar a luz a un bebé sin vida. A veces, la situación es anticipada. Se sabía que algún problema había con la gestación. Otras, ocurre un imprevisto. La embarazada llega al hospital y algo pasa previo o después al alumbramiento, pero el resultado es el mismo: una muerte.

Con 17 semanas de embarazo, Yanelys llegó al hospital de emergencia. Rompió fuente y la llevaron a un Centro de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) en Dorado. Allí estuvo poco tiempo, pues rápidamente fue trasladada a un hospital en San Juan.

“No hay nada más que podamos hacer por ti. Tu bebé va a nacer y va a morir porque es muy pequeño”, le advirtieron.

Luego, la separaron de su esposo y fue llevada a una habitación. Le administraron una pastilla y apagaron la luz. Pocas horas más tarde, comenzó una molestia intensa en el vientre. Estaba sola.

“Tenía mucho dolor. Empecé a pujar y el bebé salió. Grité y grité, hasta que alguien apareció”, relata la mujer.

Mientras sangraba, la enfermera se quejaba del reguero en el cuarto por la incontrolable hemorragia que sufría la paciente. Yanelys, quien había parido a una criatura más o menos del tamaño de su mano, pidió que se la dejaran ver. La enfermera no quería. Hubo un titubeo, una confusión. Después de la insistencia de Yanelys, la doctora consintió. Así, pudo tener a la criatura junto a ella unos 15 minutos.

“Cuando me lo fueron a quitar, la enfermera llegó con un pote de cristal en una mano, donde era evidente que lo iba a meter, y eso fue horrible. No hubo ningún tipo de sensibilidad. Sé que para ellos era un simple feto, un espécimen científico, pero para mí, era mi bebé”, afirma la mujer, quién había quedado embarazada tras muchos intentos fallidos.

Si algo hubiese deseado, sería una imagen distinta a esa que tuvo en el hospital al momento de despedirse de una ilusión: la de ser madre.

Difícil para todos

Luisa Rosado, subdirectora de la unidad de enfermería materno infantil en el Hospital Auxilio Mutuo en Hato Rey, ha sido testigo de muchas pérdidas durante sus 30 años en la profesión.

“Son momentos muy difíciles, de mucho dolor, mucha angustia, desesperación y a veces culpa. Es difícil también para el personal, porque se identifica con el dolor de la mamá en ese momento”, enfatiza.

En estos eventos de crisis, un gesto o una palabra tienen poder. Son capaces de aliviar, de hacer sentir a alguien solo o acompañado. Pueden beneficiar o dificultar el curso de un proceso, en este caso, el duelo.

La doctora Marianela Rodríguez, psicóloga clínica, es consciente de ello. Trabaja hace cinco años con madres y familias que han sufrido la pérdida de un embarazo. Ha escuchado muchas historias parecidas a la de Yanelys. Relatos que hablan de poca sensibilidad y ausencia de ciertas medidas de consideración frente a una situación tan dura.

Esa continua comunicación con los afectados le ha dejado algo muy claro: “La forma en que se manejan estos casos en el hospital va a tener un efecto directo en el duelo de los padres”.

La mayor parte de las medidas que pueden tomarse para lidiar con estos casos son sencillas, hasta de sentido común, pero debido a la prisa, el desconocimiento, las complejidades del momento o hasta los tabúes en torno a la muerte, no son implementadas.

“Son cosas prácticas, lógicas, como por ejemplo, vigilar la comunicación para no estar preguntándole a esa mamá que perdió a su hijo o si tuvo niña o niño. Que les expliquen como lidiar con la producción de leche porque van a producirla aunque su bebé haya muerto o sencillamente, darles espacio y respeto para vivir eso que les está ocurriendo”, enfatiza la psicóloga.

Zulma, una mujer que perdió a uno de sus gemelos recién nacido, hubiera deseado un lugar tranquilo donde poder estar un rato con su bebé, su pareja y familiares más cercanos, algo que en su caso, no ocurrió.

“Fue bien difícil. Deben establecer algún tipo de protocolo, tener algún cuarto separado por si ocurre ese evento”, dice la mujer.

Otra madre, cuyo bebé nació con Síndrome Down, enfrentó muchas complicaciones,a demás de que tuvo que ser ingresado a la unidad de cuidado intensivo del hospital y luego trasladado a otra institución.

“Desde que llegó mi bebé siempre estaban hablándome de muerte. Con muy poca sensibilidad me decían que la situación era muy crítica. Claro, yo entiendo que los médicos ni enfermeras se pueden involucrar con todas las situaciones, pero se trata de un bebé, no de cualquier cosa. Allí, una doctora entró a decirme no sé cuantas cosas y a quejarse de que la habían levantado para ir a verla, como si ese no fuera su trabajo”, cuenta la mamá, quien sí tuvo una experiencia positiva- dentro de las circunstancias- en el hospital donde parió.

Duelo incomprendido

La muerte es difícil en cualquier escenario. Para quienes pierden a una criatura en gestación o a los pocos días de nacer, el evento implica muchas veces un duelo incomprendido.

“Socialmente, definimos a la madre y al padre cuando su hijo nace, pero ellos se definen así mismos en esos roles a pesar de que su bebé muera”, señala la doctora Rodríguez, quien tras observar las necesidades de este grupo estableció un grupo de apoyo donde ellos pueden compartir sus experiencias.

Para muchos, es una cuestión de validación. De sentir que tienen derecho a llorar a esa criatura por las ilusiones, expectativas y sentimientos que despertó. El proceso se dificulta por diferentes razones. Una de ellas es que si la criatura no estuvo presente, a veces no se reconoce. Así lo demuestra el tipo de consuelo que suelen recibir los padres: no te preocupes, puedes tener otro, era un angelito y Papa Dios lo necesitaba, pronto vuelves a tratar, son algunas de esas frases que se repiten sin maldad pero en realidad no reconocen el dolor de los que sufren.

“Los padres se quedan sin procesar ese duelo de un bebé real que existió en el vientre de la mamá y que vivió por los meses que fueran”, indica la doctora.

Para Zulma, quien ha buscado ayuda profesional para lidiar con su pérdida, ha sido difícil el hecho de que la gente a su alrededor no entienda que para ella un hijo no sustituye al otro.

Apoyo a la familia

Los profesionales que trabajan de cerca con mujeres embarazadas y sus familias se han ido percatando de sus necesidades en momentos como el fallecimiento de su hijo y no se han quedado quietos.

En el Hospital Auxilio Mutuo ya se estableció un Comité de Pérdidas, formado por el personal a cargo de las diferentes áreas que componen el cuidado de la madre y los bebés, así como trabajadores sociales y psicólogos. El esfuerzo surgió cuando Evalyn Ríos Fuentes, especialista de apoyo a la familia, de la organización March of Dimes, se percató del trauma que representaba para esta población el momento de perder al hijo que esperaban.

Ella comunicó su inquietud a las personas a cargo de la toma de decisiones en el hospital y todo el mundo estuvo de acuerdo en que era un avance en beneficio de los pacientes que se hablara sobre el proceso de pérdida y se establecieran guías para asistir a las familias y al personal que las atiende.

“Nos dimos a la tarea de hacer algo organizado con el propósito de que cuando suceda esto podamos ayudar a los papás y que puedan tener un apoyo emocional en un momento de crisis. También quisimos crear una estructura para el personal para que sepa como lidiar con esta situación desde el principio hasta el final”, explica la enfermera Rosado.

La doctora Rodríguez se integró al proceso para ofrecer recomendaciones y colaborar en los esfuerzos de adiestrar al personal.

“Lo que queremos es estabilizar el proceso. Los padres tienen derecho a ser tratados con sensibilidad y respeto”, consigna.

Entre las determinaciones que adoptó el hospital en su recién creado protocolo para el manejo de pérdida ante muerte de neonato, se encuentran ofrecerle a la familia un espacio privado donde puedan compartir el momento junto a su criatura si así lo desean.

También se determinó enterar al personal a cargo sobre el evento y, de esta manera, evitar preguntas que podrían incomodar a los afectados tales como inquirir sobre el sexo del bebé.

El hospital también creó una caja de recuerdos que le entrega a la familia cuando la madre es dada de alta. Esta contiene algunos documentos tales como las huellas del bebé y si los padres desean, una foto de su criatura.

“Empezamos a ver esta necesidad de ir un poco más allá y, en mi opinión, es súper necesario. El personal está más seguro, sabe lo que tiene que hacer y los padres tienen su espacio para lidiar”, enfatiza la enfermera.

El duelo, tan personal, comienza a abordarse menos por el miedo o la prisa. Y todos se benefician.
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