Sospechoso de asesinato, pero todavía no consiguen el cuerpo de la esposa

Para los detectives de la policía, el comportamiento de Maqueira tras la desaparición de Calderín fue desconcertante.
El Nuevo Herald | Octubre 5 de 2013
DAVID OVALLE
DOVALLE@MIAMIHERALD.COM

Raquel Calderín, de mediana edad, madre de tres hijos y guardia de una escuela primaria de Kendall, quería divorciarse de su esposo, a quien describió como un acosador celoso y violento.

Y de pronto, un año atrás, desapareció.

Detectives de Miami-Dade arrestaron a su esposo separado, Jesús Maqueira, bajo cargos de haberla matado. Pero se trata de un caso de asesinato inusual, en el que no hay un cadáver.

No obstante, la fiscalía considera que ellos cuentan con suficiente evidencia: los archivos de sus teléfonos celulares indican que Maqueira estaba con Calderín cuando ella desapareció después de salir del trabajo en Gloria Floyd Elementary en Kendall, según la policía.

Testigos contradijeron su coartada de que él había estado en casa de un amigo esa noche en septiembre del 2012. Maqueira, de 55 años, hizo además comentarios crípticos a amigos y familiares de ella, según la policía, y llegó a decir que quienquiera que había matado a su esposa, de 43 años, “no sería encontrado nunca porque ella estaba probablemente muerta en algún canal”.

Pero no fue hasta semanas recientes que detectives y la fiscalía se enteraron de los detalles de lo que le pudo haber sucedido a Calderín: un compañero de cárcel dijo a la policía que Maqueira confesó que se había escondido en el asiento trasero del Ford Expedition de Calderín, e insinuó que la había matado a golpes antes de echar su cadáver en una masa de agua.

El preso del Centro de Detención de Metro West, cuyo nombre no se ha revelado, y quien es ahora un testigo en contra de Maqueira, se robó además dos cartas que el sospechoso supuestamente había escrito y escondido en su Biblia. Una está dirigida a Calderín, la otra a Dios. Ambas expresan agonía, al parecer a causa del asesinato.

La carta a Calderín reza: “Yo destruí mi vida porque fui un estúpido, y te pido de todo corazón que me perdones por todo el dolor y el sufrimiento que te he infligido”.

La carta a Dios reza: “Te ruego que me protejas de este tormento. No tengo la menor idea de qué fue lo que se me metió adentro ese día. Es verdad que existen demonios que te controlan. Yo soy humano, y todos cometemos errores”.

Los juicios por asesinato con cadáveres desaparecidos son inusuales, pero no carecen de precedente en Miami-Dade. Además de Maqueira, otros tres acusados están esperando juicio en Miami-Dade en casos sin cadáveres. Juicios anteriores han terminado en condena en su mayoría en Miami-Dade, tres de ellos desde la década de 1970.

El lunes, Maqueira — quien está en la cárcel en espera de juicio — se opondrá a la evidencia presentada por el informante y pedirá al juez de circuito de Miami-Dade Eric Hendon que le permita salir en libertad bajo fianza.

El abogado defensor Alex Michaels insiste en que su cliente no escribió esas cartas, y criticó al informante carcelario como una “rata” tratando de ganarse el favor de la fiscalía.

“Mi defendido no cometió ningún delito. El no mató a su esposa”, dijo Michaels, sugiriendo que Calderín podría estar todavía viva.

“La esposa tiene un historial de desapariciones. Ella podría aparecer algún día”, dijo. “Suena como un guión de cine, pero no está fuera de la esfera de lo posible”.

Investigadores afirman que el informante, quien hizo amistad con Maqueira mientras jugaban damas, conocía detalles del caso que solo pudieron haber provenido del mismo Maqueira.

Calderín llevaba más de 20 años con Maqueira. Ellos tenían tres hijos.

Pero, según evidencia dada a conocer por la fiscalía, Calderín había sufrido durante mucho tiempo bajo el influjo de un marido dominante, que se ponía de mal humor hasta si ella se relacionaba con los vecinos.

De costumbre discutían sobre dinero. A menudo, dijo una amiga a los investigadores, Calderín lo sorprendía mirando pornografía. Ella descubrió también que él estaba enamorando mujeres a través de Internet.

“El era muy agresivo. El la golpeaba. Siempre estaban peleando”, dijo Lourdes Guerra, amiga de ella, a los detectives. “Con mucha frecuencia él le provocaba moretones, le ponía los ojos negros”.

Hace unos siete años, dijo Guerra a la policía, ella vio a Maqueira agarrarla por el cabello y tirarla al suelo.

“Ella me dijo una vez que él le había dicho que, si la veía con otro hombre, la iba a matar”, dijo Guerra.

Aunque su esposo nunca fue arrestado, Calderín se quejó a los tribunales. Dos veces, una en 1996 y otra en el 2009, Calderín alegó violencia doméstica y pidió una orden de restricción en su contra, según documentos judiciales.

No obstante, ella siempre acababa reconciliándose con él. Calderín a menudo lo dejaba durante días, y a veces se quedaba en refugios para mujeres abusadas. Finalmente, en julio del 2012, después de conocer a otro hombre en un supermercado de South Miami-Dade, Calderín se fue de la casa, presentó el divorcio y pidió una orden de restricción en su contra.

Por su parte, dijo luego Maqueira a la policía, él no tenía idea de por qué Calderín se había ido “porque yo siempre la trataba como una princesa”, y agregó que “ella era haragana y lo único que le interesaba era salir de compras”. Las amistades de ella dijeron a la policía que él le había “lavado el cerebro” a sus dos hijos menores, haciéndoles creer que ella era una borracha.

La policía de Miami-Dade dijo que la partida de ella sacó de quicio a Maqueira. El empezó a acosarla agresivamente. Una de las amigas de Calderín dijo que Maqueira enviaba mensajes de texto coléricos como “muere puta”. Empleados de Floyd Elementary dijeron a la policía que ellos veían con frecuencia a Maqueira estacionado del otro lado de la calle en su Mercedes Benz negro, vigilándola. Ella se puso cada vez más temerosa, dijeron sus amistades.

El conflicto subió de tono en agosto del 2012, cuando Maqueira encontró a Calderín y su nuevo novio Dagoberto Vásquez en un Laundromat de West Kendall. Maqueira, quien andaba con sus dos hijos menores, le echó una perorata durante más de 20 minutos antes de que Vásquez llamara a la policía, dijo este. Maqueira se fue.

El mismo día, Calderín y Vásquez — con quien ella se había ido a vivir — fueron en carro a Islamorada a pescar desde un puente. Vásquez, tratando de esconder un pequeño contenedor de pescado que él pensaba había excedido el límite legal, se arrodilló para esconderlo debajo del chasis del SUV de Calderín. Fue entonces que él notó un equipo de rastreo GPS que Maqueira había colocado en secreto debajo del carro.

Calderín había planeado mostrar el rastreador al juez en una audiencia judicial el 30 de agosto. Pero ella retiró su solicitud de una orden de restricción permanente a cambio de que él le permitiera ver a sus hijos.

Menos de una semana más tarde, Maqueira se presentó en la escuela primaria, acompañado de su hija de 15 años. El trató de convencerla de que retirara la petición de divorcio y volviera con él. Ella se negó.

El tenso encuentro en el estacionamiento dejó a Calderín llorosa y temblando, dijeron compañeros de trabajo suyos a la policía. Su supervisor le dio permiso para que se fuera más temprano, a eso de las 9:30 p.m. Cuando salía, Calderín llamó a Vásquez. Ellos conversaron brevemente hasta que sucedió algo extraño. “A las 9:38, la llamada se cayó”, dijo Vásquez a la policía.

El la llamó una y otra vez, sin recibir respuesta. Ella nunca regresó a casa.

Para los detectives de la policía, el comportamiento de Maqueira tras la desaparición de Calderín fue desconcertante.

Maqueira consiguió que una estación de televisión retirara una historia acerca de su desaparición, amenazando con demandarlos. El empezó a llamar constantemente a los amigos de ella, hablando mal de ella, y en un momento determinado llegó a acosar a Guerra a la salida de la estación de policía, exigiéndole que le dijera lo que ella acababa de declarar a los detectives.

Los investigadores sospecharon de inmediato gato encerrado. El SUV de ella también había desaparecido. Sus tarjetas de crédito y sus cuentas de banco permanecieron intocadas.

Detectives buscaron en canales, lagos y la ciénaga sin resultado alguno, pero sus sospechas de Maqueira continuaron creciendo.

La investigación llegó a su clímax final el 7 de febrero, cuando el detective de Miami-Dade Juan Segovia hizo venir a Maqueira para un dramático interrogatorio que duró toda la noche.

Dando golpes en la mesa y señalando con el dedo a Segovia, Maqueira negó incluso haber abusado de su esposa alguna vez. Maqueira suspendió una prueba de detector de mentiras, las cuales por ley no son admisibles en un juicio.

Al principio, Maqueira dijo que él se había ido a su casa justo después de su encuentro con ella esa tarde en la escuela. Luego, Maqueira insistió en que él había ido a casa de un amigo para investigar en Internet sobre el nuevo novio de su esposa. Pero ese amigo dijo a la policía que Maqueira no había estado en su casa en dos semanas.

Cuando los detectives le mostraron los registros de los teléfonos celulares que detectaban su presencia cerca de la escuela primaria la noche que Calderín desapareció, Maqueira al principio pareció nervioso y azorado. Una hora después, escribió Segovia en su informe, Maqueira dio de pronto una excusa: él le había regalado a ella su teléfono celular ese día porque a ella le había gustado.

Según los archivos policiales, las torres de telefonía también detectaron el teléfono de Maqueira esa noche en otra ubicación curiosa, justo al sur de Kendall Avenue después de pasar Krome Avenue, en un área rural de West Miami-Dade. La policía cree que fue allí donde él se deshizo del cadáver de su esposa.

Durante todo el interrogatorio, Maqueira se burló de los detectives.

En un momento determinado, él dijo sarcásticamente: “Mira, yo la maté, llévame a la cárcel”. Al final, escribió Segovia en su informe, “El señor Maqueira se rió a carcajadas de estos investigadores y dijo que, sin un cadáver, sería muy poco lo que le podrían hacer”.

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