El hombre que capturó a la reina de la cocaína de Miami

Griselda nunca apareció en el radar. Su nombre se mencionó, pero nunca ninguno de nosotros la vio, afirmó Palombo.
Caracol 1260 | Septiembre 29 de 2012
David Sutta
CBS4

Griselda Blanco tenía varios apodos: la madrina, la reina de la cocaína, la viuda negra. Pero sin importar cómo la llamaran, dejó una profunda huella en la historia del sur de la Florida.

Según las autoridades, Blanco importó miles de kilogramos de cocaína al sur de la Florida en los años 70 y 80 y mató a todo el que se interpuso en su camino. Hace poco, CBS4 entrevistó al hombre que la capturó. El oficial Robert Palomo, de la agencia antidrogas DEA, pasó 11 años de su vida persiguiendo a un fantasma.

“No le deseo la muerte a nadie, pero si alguien merecía la pena máxima era ella”, dijo Palombo al CBS4.

El pasado 3 de septiembre, Blanco fue asesinada a la puerta de una carnicería en Medellín, Colombia. Vivió más tiempo del que nadie se imaginaba. Logró escapar de sentencias de cárcel, de la silla eléctrica, y de docenas de enemigos que ansiaban matarla. Fue el capítulo final en una historia que comenzó hace años.

En 1983, los personajes de Miami Vice, Crockett y Tubbs, terminaban los episodios de la serie de television con la captura de los narcotraficantes, pero en la amarga realidad eran los delincuentes quienes estaban ganando la guerra.

“Tenían más armas que nosotros; eran más que nosotros”, afirmó Palombo.

Palombo inició su carrera en Nueva York, donde participó en algunos casos de narcotraficantes colombianos. De repente, fue asignado a una fuerza especial destacada en el sur de la Florida que libraba una guerra sangrienta contra el narcotráfico.

“La violencia estaba por todas partes”, dijo Palombo. “Era como si la distribución de la cocaína fuera un subproducto de la violencia en lugar de lo contrario”.

Tras un tiroteo en el Dadeland Mall que dejó dos personas muertas, las autoridades descubrieron lo que después llamaron un vagón de guerra. El camión blindado con la leyenda “Happy Time Complete Party Rentals”, estaba lleno de armas de todo tipo. Palombo ni se imaginaba que estaba relacionado con una mujer cuyo nombre era Griselda Blanco.

“Griselda nunca apareció en el radar. Su nombre se mencionó, pero nunca ninguno de nosotros la vio”, afirmó Palombo.

En realidad, el agente le estaba siguiéndole los pasos al fantasma de Griselda desde un caso de narcotráfico que tuvo lugar en Nueva York en 1974. Blanco desapareció y Palombo dio por hecho que se encontraba en Colombia. Fue por pura casualidad que sus caminos se cruzaron en Miami gracias a una llamada a una línea de informantes anónimos.

“Un colega respondió una llamada telefónica de una mujer de Miami que se quejaba de que su hija estaba saliendo con un delincuente hispano, evidentemente vinculado a algún tipo de actividad ilegal, muy posiblemente drogas”, recordó Palombo.

Uber Blanco era el “delincuente hispano” del que hablaba la mujer.

Palombo no tardó mucho en darse cuenta que se trataba de uno de los cuatro hijos de Griselda Blanco. Uber se daba la gran vida en Turnberry Isle. Con la ayuda de un colombiano arrestado en Oklahoma que se había convertido en informante de la policía, Palombo se acercó a los hijos de Blanco.

Cada cual se jactaba ante el informante de lo importante que era. Palombo logró grabarlos utilizando micrófonos escondidos en un portafolios.

“Uber contaba cómo él y sus hermanos habían asumido el negocio que antes manejaba la madre”, dijo Palombo. “Todos negociaban con estupefacientes en Miami. Y la madre estaba casi retirada”.

La investigación siguió avanzando, en tanto el informante movía pequeñas cantidades de dinero para los hermanos; $40,000 por aquí, $50,000 por allá. La DEA estaba armando un caso en contra de los hermanos Blanco cuando ocurrió algo inesperado.

“Sin que nadie lo esperara, el informante recibió una llamada y era Griselda”, dijo Palombo. “La llamada lo puso nervioso”.

Palombo le ordenó al informante que acordara verse con Blanco en California, donde ella estaba. Palombo recuerda la primera vez que la vio entrar por el vestíbulo del hotel Newport Beach Marriott.

“Ella hizo un giro y cuando nos pasó por el lado otra vez, pudimos verle los hoyuelos en las mejillas y el huequito en la barbilla. Entonces nos miramos y pensamos que no había dudas: era ella”, dijo Palombo.

Después de que terminó la reunión con el informante, nadie hizo nada. Griselda le dio $500,000 para que los depositara en las cuentas de banco que tenía en Panamá.

Palombo dijo que empezaron a desmantelar su gigantesco negocio de narcotráfico durante casi un año. La DEA, a través del informante, comenzó a lavar dinero para Griselda, moviendo millones de dólares para ella. Los agentes siguieron de cerca las violentas órdenes que daba.

Nadie sabe exactamente cuántas personas mataron los hombres que empleaba, sólo que fueron más que los que mataron juntos los famosos asesinos múltiples Jeffery Dahmer y Ted Bundy.

“¿Hay alguna diferencia entre 50 y 100? No lo creo”, dijo Palombo. “Hablando de forma conservadora, yo diría que ordenó matar a entre 75 y 100 personas”.

El caso encontró un obstáculo cuando la DEA trató de conseguir drogas de Griselda. Un malentendido llevó a que todo se enfriara de pronto. Palombo explicó que le había indicado al informante que le hiciera la petición a Blanco, pero sin asustarla.

“Básicamente le dices que vas a hacer una fiesta y que te hacen falta un par de hombres que te ayuden con los preparativos. Que necesitas algunas cosas a ver qué dice ella”, le dijo Palombo al informante.

Cuando el informante habló con Griselda ella le dijo que no habría ningún problema y le dio el número del beeper de Jorge “Riverito” Ayala, uno de los asesinos a sueldo que tenía Blanco. El informante se reunió con Ayala en el restaurante Victoria Station en la calle 36 del noroeste en Miami.

Palombo dijo que todo iba bien hasta que el informante le dijo a Ayala que quería droga.

“Lo miró como si fuera un marciano y le preguntó de qué rayos hablaba”, dijo Palombo. El encuentro terminó abruptamente. “El informante trató de localizar a Griselda, pero ella no le devolvía las llamadas que él le hacía. Nos alteramos y nos preocupamos muchísimo”.

El mundo de Palombo se derrumbaba.

“Durante el tiempo que perdimos contacto con ella, empezaron a salirme canas prematuras y a mi esposa no le gustaba para nada que yo pasara largos períodos de tiempo en el sur de California cuando teníamos dos hijos pequeños que atender”, señaló Palombo. “Todo se estaba convirtiendo en una especie de pesadilla que no sabíamos cuándo iba a terminar. Un día pensé que si alguna vez podía atraparla, le iba a dar el beso de la muerte porque me estaba enloqueciendo”.

Entonces, el veterano agente de la DEA decidió regresar a lo que era la debilidad de Blanco: sus hijos.

Osvaldo Blanco era un fanático de los autos. Palombo sabía que visitaba con frecuencia un concesionario en Beverly Hills. Durante largos días esperaron en el hotel Beverly Hills Willshire desde donde vigilaban el negocio. Cuando Osvaldo apareció, Palombo hizo que su informante se tropezara accidentalmente con él.

“Todo funcionó de maravilla. Se pasaron la noche fiestando”, dijo Palombo.

Siguieron a los guardaespaldas hasta la casa de Griselda en Irvine, California y en las primeras horas del 17 de febrero de 1985 Palombo dio el paso que tanto había esperado. Con la casa rodeada, vieron cómo un hijo pequeño de ella, que entonces tenía seis años salió por la puerta principal con una niñera.

En el porche apareció de repente Griselda para darle un beso al niño. Después, el pequeño se dirigió al parque con la niñera y Griselda entró de nuevo a la casa. Palombo dijo que caminó hacia la puerta principal y tocó. Una anciana respondió. Hasta el día de hoy, Palombo no sabe quién era, pero cree que se trataba de la madre de Griselda.

Mientras sus hombres rodeaban de la casa y se aseguraban de que todo estaba bajo control, Palombo subió al segundo piso y descubrió a Griselda sentada en la cama.

“En ese justo momento estaba en la cama leyendo la biblia. Uno no podía pensar en algo así. Al principio me miró como asombrada”, dijo Palombo. Luego el agente se inclinó hacia ella y le dijo: “Griselda por fin nos conocemos”.

Ella no se imaginaba quién podía ser ese hombre. Entonces hizo lo que había prometido que haría.

“Le dije que se parara y le di un beso en una mejilla. Estaba pasmada. No tenía la menor idea de por qué yo la había besado”, dijo Palombo.

En realidad, Blanco nunca les dijo nada a los investigadores. Encontraron una pistola en la mesita de noche. Nunca trató de apoderarse del arma. Fue encarcelada y finalmente Palombo sintió un alivio. No sabía lo importante que era el caso hasta que se percató de lo que sucedió con las estadísticas criminales.

“Lo cierto es que la tasa de homicidios bajó de forma drástica después de que fue arrestada”, dijo Palombo.

Blanco fue sentenciada a 15 años de cárcel acusada de narcotráfico. Palombo piensa que la sentencia se manipuló. Cree que el juez que presidió el caso, Eugene Spellman, favoreció a los abogados de Blanco.

“Ella debió haber recibido una sentencia mínima de 35 años de prisión”, dijo Palombo.

Luego de sólo 10 años de cárcel, Blanco fue puesta en libertad de una penitenciaría federal. Para entonces, la fiscalía de Miami-Dade tenía tres casos de homicidio en su contra. Griselda parecía destinada a morir en la silla eléctrica cuando la fiscalía se enredó en un escándalo sexual con un testigo clave. El caso terminó en un acuerdo con los defensores y Blanco sólo cumplió siete años de privación de libertad.

“La mejor forma de describir lo que pasó es traición. Nos sentimos traicionados por el sistema”, expresó Palombo, quien considera que la fiscalía no debió haber desaprovechado un caso tan bueno.

En el 2004, cuando Griselda salió de la cárcel, fue deportada de regreso a Colombia. Palombo pensó que la matarían en cuanto pusiera un pie en el país, pero de alguna forma logró sobrevivir ocho años.

Hasta el 3 de septiembre en Medellín, cuando un hombre en una motocicleta se detuvo en una carnicería. El motociclista, todavía con el casco puesto y cubriéndole parte de la cara, sacó una pistola y le disparó a Blanco dos veces en la cabeza. Palombo lo calificó como justicia poética.

“Resulta que una carnicera termina muerta en una carnicería. Por un asesino que usó la misma técnica, la técnica de moverse en motocicleta que más o menos ella misma inventó”, observó Palombo. “Este tipo de cosas parece algo de ficción. Fue su último capítulo”.

En la actualidad Palombo trabaja como consultor.

Blanco fue enterrada en el mismo cemeterio donde fue sepultado el tristemente célebre capo de la droga Pablo Escobar. Al parecer, Blanco se había retirado del negocio del narcotráfico.


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