Santos, el político pragmático que busca la paz

Cinco días antes de la segunda vuelta electoral, el gobierno anunció que inició la fase exploratoria para un diálogo de paz con el también rebelde ELN.
AP | Junio 16 de 2014
Como ministro de Defensa fue la mano derecha de Álvaro Uribe Vélez en su feroz campaña contra las guerrillas. Como presidente, sin embargo, Juan Manuel Santos inició negociaciones con los rebeldes. Elegido para conducir el destino de Colombia por otros cuatro años, Santos buscará continuar el proceso que podría poner fin a medio siglo de un sangriento conflicto armado que ha dejado millones de víctimas.

Pese a que nunca se había postulado a un cargo público hasta que buscó la presidencia, Santos ha sabido moverse en la política con la habilidad y el pulso de un cirujano, o con la astucia de un avezado jugador de póquer, que lo es. Y lejos de ser un títere del movimiento del expresidente Uribe, como muchos pronosticaron, ha plasmado una identidad propia caracterizada por el pragmatismo, los intentos de devolver la tierra a los campesinos despojados por los paramilitares o la guerrilla y reparar a las víctimas del conflicto colombiano.

No sólo negocia la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia desde hace casi dos años. Cinco días antes de la segunda vuelta electoral el gobierno anunció que inició la fase exploratoria para un diálogo de paz con el también rebelde Ejército de Liberación Nacional, la segunda guerrilla del país.

Apenas asumida su primera presidencia hizo las paces con su entonces par venezolano Hugo Chávez, que había roto relaciones con el gobierno de Uribe después de que éste lo acusara de dar refugio a los guerrilleros. También fumó la pipa de la paz con el presidente ecuatoriano Rafael Correa, otra figura mal vista por Uribe, tras un grave incidente generado por una incursión de soldados colombianos en territorio ecuatoriano para matar al jefe guerrillero colombiano Raúl Reyes.

Uribe lo acusó de traidor y lideró una campaña vía Twitter, donde señalaba las diferencias políticas entre ambos políticos.

Santos, miembro de una tradicional familia bogotana dueña durante más de 90 años del influyente diario El Tiempo y que incluye un tío abuelo presidente y un primo vicepresidente, llegó a la Casa de Nariño, como se llama la sede del gobierno, de la mano de Uribe (2002-2010).

Uribe libró una guerra frontal con las guerrillas y firmó un acuerdo de desmovilización con los paramilitares, con quienes muchos lo asocian, a pesar de que él niega cualquier vínculo y nunca ha sido procesado formalmente.

Fue ministro de Defensa de Uribe entre 2006 y 2009, período en el que asestaron duros golpes a las FARC.

Cuando la Corte Constitucional impidió la postulación de Uribe a un tercer mandato, su camino hacia la presidencia quedó despejado. La alcanzó en buena medida por la popularidad de Uribe, que era superior a 70% hacia el final de su gobierno.

Pero pronto comenzó a labrar su propio rumbo.

Bajo su gobierno fueron muertos por la fuerza pública los dos más importantes integrantes de las FARC: Alfonso Cano y Víctor Julio Suárez, alias "el Mono Jojoy", máximo comandante y jefe militar de esa organización ilegal, respectivamente.

A diferencia de Uribe, Santos pensó que la vía militar no reportaría la paz e inició diálogos con las FARC en 2012 primero en Oslo y después en La Habana, que marcaron la ruptura definitiva con Uribe.

Los progresos han sido lentos y le han restado crédito político, ya que, según los sondeos, más de 90% de los colombianos no ven con buenos ojos a la guerrilla.

"Yo veo a los colombianos cansados y 'mamados' (cansados) con el proceso de paz porque no va para ninguna parte, no tiene un norte claro y no parecería que se pudiera finiquitar", indicó vía telefónica el senador uribista Juan Carlos Vélez.

Santos, de 62 años, responde diciendo que un conflicto bélico de medio siglo no se resuelve de la noche a la mañana y destaca que ha habido acuerdos en puntos clave como el problema de la tierra, la participación en política de los rebeldes y la lucha contra el narcotráfico.

Un obstáculo grande en el horizonte es la intención de los rebeldes de no ir a la cárcel si se llega a un acuerdo. Diversas organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch y las Naciones Unidas han dicho que la impunidad no puede ser el precio de la paz.

Los cuatro años del gobierno de Santos han estado marcados por excelentes relaciones con los medios de comunicación y las demás instituciones del Estado como las altas cortes, cosa que en general no sucedió en el gobierno de Uribe.

Por otro lado, según el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, la economía colombiana en este cuatrienio creció en promedio 4,5% anual y 2,5 millones de colombianos consiguieron empleo.

"La economía colombiana hacía mucho tiempo no estaba en las condiciones tan favorables como la actual; eso no lo digo yo, eso lo dicen todos medios internacionales", indicó el ministro a AP.

Un paro campesino entre agosto y septiembre de 2013 representó el peor momento de su presidencia. Una encuesta de Invamer-Gallup le dio una aprobación de apenas 21% entre finales de agosto y principios de septiembre de ese año en una consulta a 1.200 personas en las cinco principales ciudades del país.

Cadete de la Escuela Naval, economista de la Universidad de Kansas y con posgrados también en economía en la Universidad de Harvard, Santos tiene larga trayectoria como servidor público.

Fue subdirector de El Tiempo y en 1991, en el gobierno de César Gaviria (1990-1994), fundó el Ministerio de Comercio Exterior.

En 1993 fue "Designado a la Presidencia", una figura de la anterior constitución que equivale a lo que hoy es ser vicepresidente de la república. Bajo el gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) fue dos años su ministro de Hacienda.

Después vinieron sus días de amistad con Uribe.

Como candidato del Partido Social de Unidad Nacional (Partido de la U) prometió otros cuatro años de gobierno bajo el eslogan "hemos hecho mucho, falta mucho por hacer".

Para Vicente Torrijos, analista político y profesor de la bogotana Universidad del Rosario, su principal objetivo en el próximo cuatrienio es hacer que se cumpla lo pactado entre su gobierno y el grupo guerrillero.

"Sería una especie de cogobierno con las FARC", indicó Torrijos, quien no descartó la convocatoria de una Asamblea Constituyente. "Ese sería el precio que Santos tendría que pagar por un acuerdo final con lo cual refundaría el Estado".
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