Papa pone en aprietos el populismo en Argentina

Pero hay otras razones más terrenales, del fangoso y muchas veces contradictorio terreno de la política que Jorge Mario Bergoglio tan bien conoce.
AP | Marzo 27 de 2013
Es ley divina considerar al papa como delegado de Dios en la tierra. Esa podría ser una de las razones que motivaron el giro radical que dio la presidenta Cristina Fernández, una confesa católica que en un abrir y cerrar de ojos cambió radicalmente el tono de sus comentarios en torno al papa Francisco, un religioso que no le caía nada bien.

Pero hay otras razones más terrenales, del fangoso y muchas veces contradictorio terreno de la política que Jorge Mario Bergoglio tan bien conoce.

Antes de la elección papal Bergoglio era considerado por el kirchnerismo, del cual Fernández es hoy abanderada, como "jefe de la oposición," ''cómplice" de la última dictadura militar. Se habrían montado incluso fallidas operaciones para convencer a los cardenales de que no debía ganar el cónclave. Ahora es Francisco, el papa comprometido con los pobres y con el sueño de la 'Patria Grande' que persiguen los gobiernos progresistas de América Latina.

"La presidenta hizo el sencillo cálculo de que en ese enfrentamiento llevaba totalmente las de perder. Entonces como lo dijeron algunos de los exégetas del gobierno, la decisión fue 'apropiarse' del papa Francisco", dijo a AP el politólogo y periodista Claudio Fantini.

Y Francisco, a quien sus allegados reconocen como un hábil político, respondió a este "giro copernicano" de Fernández con dos gestos de alto impacto, según Fantini. Primero la invitó a su primera audiencia oficial como papa y luego le dio la noticia de que no visitará Argentina antes de las elecciones legislativas de octubre, en las que la presidenta se juega la continuidad en el poder más allá del 2015. La oposición tenía la esperanza de que aprovechando su viaje a Brasil en julio, el sumo pontífice tocara suelo argentino antes de los comicios.

El papa, de 76 años, así dio una señal sobre el tipo de vínculo que establecerá con los gobiernos populistas de América Latina: evitar la confrontación pues estos movimientos, y el kirchnerismo es un claro ejemplo, construyen poder sobre la lógica del amigo-enemigo y por el contrario quedan descolocados con aquellos extrapartidarios que se dirigen al mismo destinatario, las masas de excluidos.

"Bergoglio es un conservador, pero su vida eclesiástica siempre estuvo volcada en la acción hacia los pobres", sostuvo Fantini. "La marca de Bergoglio es reunificar la Iglesia tercermundista con el resto de la Iglesia. Desde una posición política distinta, Bergoglio tiene en común con los sacerdotes tercermundistas la idea de que la Iglesia tiene que trabajar con los pobres y para los pobres", agregó.

La elección de Bergoglio como primer papa latinoamericano desorientó al kirchnerismo, una fuerza en la que conviven líderes de organismos de derechos humanos fuertemente críticos del rol de la jerarquía eclesiástica durante la última dictadura (1976-1983), luchadores por los derechos de las minorías sexuales, intelectuales de la izquierda anticlerical y peronistas católicos. Estos últimos celebraron la elección de Bergoglio.

Hasta aquí nadie había puesto en la superficie fisuras en el frente oficialista.

El diario El Cronista Comercial reportó hace una semana que la diplomacia argentina habría distribuido entre algunos cardenales un dossier sucio para bloquear la designación de Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI. Una movida similar contra Bergoglio se habría producido en 2005 antes del cónclave para elegir el sucesor de Juan Pablo II, cuando un email fue mandado a todos los cardenales.

La base de la documentación habría sido una investigación del periodista Horacio Verbitsky, del diario Página 12, ambos ligados al kirchnerismo, sobre la presunta responsabilidad de Bergoglio, como Provincial de la Compañía de Jesús durante la dictadura, en el secuestro y detención de dos sacerdotes que realizaban trabajo pastoral en una villa miseria.

Pero la justicia argentina no encontró elementos probatorios para sostener esa y otras acusaciones. Otros figuras respetadas de la lucha por derechos humanos, como el ganador del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, salió a defender Bergoglio. Además, como papa, Francisco tiene una imagen positiva del 64,7% de los argentinos, reveló una encuesta de la consultora Management & Fit realizada la semana pasada en todo el país.

El Vaticano atribuyó la campaña contra el papa actual a una maniobra de "la izquierda anticlerical".

La información sobre el dossier fue desmentida por el gobierno de Fernández, quien sin embargo no puede negar el fastidio que le provocaba a ella y a su fallecido esposo y antecesor Néstor Kirchner cada una de las homilías de Bergoglio como líder de la iglesia argentina, así como sus encuentros reservados con dirigentes de la oposición.

A algunos kirchneristas, le costó adecuarse al giro abrupto de la presidenta.

"El estilo de Bergoglio es demagógico", disparó el sociólogo Horacio González, actual director de la Biblioteca Nacional e intelectual, aun después de la elección papal. "Los sermones de Bergoglio son muy buenos, es un preciso conocedor de las alegorías de las escrituras...Cada vez que decía algo, apuntaba al corazón del gobierno, era un balinazo (sic) al corazón del gobierno: 'hay pobres y ustedes los están provocado'''.

Para González, el papa es parte de un "vasto proyecto de desviar a las masas populares de los procesos (políticos) que no estén controlados por la Iglesia".

La otra cara de la moneda fue Emilio Pérsico, uno de los líderes de Movimiento Evita --una agrupación social ligada al oficialismo--, quien celebró la elección de Francisco e incluso reveló que meses atrás Bergoglio encabezó una misa en la que rezó por la salud del fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Los militantes del kirchnerismo que reaccionaron negativamente quedaron mudos frente a los gestos de cordialidad que intercambiaron Fernández y el papa en su encuentro en el Vaticano. Para reubicarles, aparecieron en la ciudad carteles atribuidos al oficialismo con la imagen del papa y la leyenda "argentino y peronista".

En otro aparece una fotografía que retrata las manos de Fernández y de Francisco tomando un mate que le regaló la mandataria y la frase "compartimos esperanzas".

A los pocos días de entrevistarse con el papa, la presidenta cambió su discurso hostil por otro más conciliador, con frases religiosas: "Lo maravilloso es reconocerse en la diferencia porque Dios nos hizo a su imagen y semejanza pero a todos diferentes, para que tengamos la opción de elegir qué queremos ser. Esto es la condición humana, la diversidad, la pluralidad y la aceptación de esa diversidad y esa pluralidad", sostuvo en un acto el pasado viernes.

El analista político Ricardo Rouvier dice que "hubo una contradicción entre ideología y política; y una vez más ganó la política. Las reacciones primeras del espacio fueron ideológicas (aliado de la dictadura, populismo de derecha, etc.)...La rápida reacción presidencial fue claramente política: pasó de la perplejidad y posiblemente incomodidad, a la adhesión y participación activa".

Los opositores de Fernandez también tienen sus deseos para el pontificado, y han hecho muchos gestos para "mostrarse" al lado de Francisco. Pero Fantini piensa que ningún lado de la polarizada política argentina va a sacar ventajas así.

"Muchos opositores sueñan que Bergoglio sea al populismo latinoamericano lo que (Karol) Wojtyla (papa Juan Pablo II) fue al comunismo europeo. Eso está en el deseo de la oposición, no sé si en los planes del Bergoglio", opinó Fantini. "No creo que el papa quiera ser papa de una de las dos Argentinas. No creo que vaya a ser frontal".


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