Juan Pablo II y Juan XXIII son declarados santos

En un aparente mensaje de unidad, Francisco invitó al papa emérito Benedicto XVI a sumársele en el altar en la Plaza de San Pedro.
AP | Abril 28 de 2014
 Dos papas del siglo XX que cambiaron el curso de la iglesia católica, Juan Pablo II y Juan XXIII, fueron canonizados el domingo por el papa Francisco en una ceremonia que fue un ejercicio de equilibrio para reunir las alas conservadora y progresista de la iglesia.

En un aparente mensaje de unidad, Francisco invitó al papa emérito Benedicto XVI a sumársele en el altar en la Plaza de San Pedro, la primera vez que un papa en funciones y uno retirado celebran misa juntos en público en los 2,000 años de historia de la iglesia.

Aproximadamente 800,000 personas venidas de todos los confines del Mundo –muchas de ellas de Polonia, la tierra natal de Juan Pablo II– llenaron la Plaza de Pedro, las calles colindantes y los puentes sobre el río Tíber, una enorme concurrencia, pero apenas la mitad de la muchedumbre que acudió en el 2011 a la beatificación de Juan Pablo II.

Juan XXIII fue papa desde 1958 hasta 1963 y es un héroe para los católicos liberales por haber convocado al Concilio Vaticano II. Esas reuniones llevaron a la iglesia a la modernidad, permitiendo la celebración de misa en los idiomas locales en lugar del latín y alentó un mayor diálogo con personas de todas las religiones, particularmente con los judíos.

Durante su papado de un cuarto de siglo, cargado de viajes, el carismático Juan Pablo II ayudó a la caída del comunismo y dio vigor a una nueva generación de católicos, al tiempo que su defensa de los valores tradicionales de la iglesia sobre el aborto, el matrimonio y otros temas candentes animó a los conservadores luego de la turbulenta década de 1960.

Benedicto XVI fue uno de los colaboradores más cercanos de Juan Pablo II y posteriormente tuvo un papado de ocho años profundamente centrado en las tradiciones. Su sucesor, Francisco, parece mucho más inspirado por el estilo simple, pastoral, del “buen papa” Juan XXIII.

Francisco estableció claramente el punto en su homilía al elogiar a ambos hombres por su trabajo asociado al Concilio Vaticano II, las reuniones innovadoras que modernizaron a la institución de 2,000 años de antigüedad. Juan XXIII convocó al Concilio mientras Juan Pablo II se encargó de asegurar la interpretación y puesta en marcha de su vertiente más conservadora.

“Juan XXIII y Juan Pablo II cooperaron con el espíritu santo al renovar y actualizar a la Iglesia, y mantenerla cercana con sus figuras prístinas, esas figuras que las imágenes nos han dado a través de los siglos”, dijo Francisco.

Elogió a Juan XXIII diciendo que permitió que Dios lo llevara a convocar el Concilio. Celebró el énfasis en la familia que tuvo el reinado de Juan Pablo II, un asunto en el que Francisco también se ha interesado.

“Ambos fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX”, dijo Francisco. “Vivieron los trágicos acontecimientos del siglo pero no se vieron abrumados por ellos”.

Fue Benedicto XVI quien colocó a Juan Pablo II en la vía rápida para ser declarado santo pocas semanas después de su muerte en el 2005, respondiendo a las consignas de “santo súbito” coreadas en italiano que surgieron durante su funeral. Su canonización fue la más expedita de las épocas modernas.

Después Francisco modificó las reglas de canonización del Vaticano al decidir que no era necesaria la evidencia de un segundo milagro, como establecen las normas para declarar santo a alguien.

Francisco respiró hondamente e hizo una pausa momentánea antes de recitar la fórmula para declararlos santos, como si estuviera conmovido por la historia de la que estaba por formar parte.

Tras deliberar, consultar y rezar por la ayuda divina “declaramos benditos y definimos que Juan XXIII y Juan Pablo II sean santos y los incluimos entre los santos, decretando que sean venerados de esa manera por toda la iglesia”, afirmó.

La multitud que se extendía desde la plaza de San Pedro hasta el río Tíber y más allá rompió en aplausos.

“Este es un momento histórico”, dijo el padre Víctor Pérez, quien llevó a un grupo de la escuela preparatoria Juan Pablo II, de Houston, Texas, y esperó casi 12 horas para acercarse a la plaza de San Pedro. “Juan Pablo tuvo un gran impacto en la Iglesia. Terminó el trabajo del Concilio Vaticano. Hoy se rinden honores a lo que Dios ha hecho durante los últimos 50 años en la iglesia”.

Aunque en lugares como en la Polonia natal de Juan Pablo II las campanas tañeron en señal de celebración, en las primeras horas de la mañana la atmósfera en la plaza era pacífica y callada, tal vez provocada por el cielo gris y el cansancio de quienes no durmieron, diferente del ambiente festivo y de mayo del 2011, cuando Juan Pablo II fue beatificado y en el que grupos de personas bailaron y cantaron durante horas antes de la misa.

El Vaticano calculó que unas 800,000 personas vieron la misa en Roma, unas 500,000 en la plaza de San pedro y calles cercanas y el resto a través de pantallas de televisión que se colocaron en sitios públicos y calles del centro de la ciudad.

Cuando comenzó la ceremonia, la Via della Conciliazione, la principal avenida que lleva a la plaza, las calles cercanas y los puentes que cruzan el río Tíber estaban abarrotados.

Peregrinos polacos que agitaban banderas con los colores rojo y blanco de la amada patria natal de Juan Pablo II estuvieron entre los primeros en llegar a la plaza desde antes del amanecer del domingo; eran contenidos por trabajadores de protección civil que llevaban chalecos de colores reflectantes que intentaban mantener el orden.

“Cuatro papas en una ceremonia es un suceso fantástico de ver y de estar presentes, porque es historia escrita frente a nuestros ojos”, dijo maravillado el polaco Dawid Halfar.

“Es maravilloso ser parte de esto y vivir todo esto”, agregó.

Benedicto XVI había prometido permanecer “oculto frente al mundo” después de que renunciara el año pasado, sin embargo, Francisco lo convenció de salir de su retiro y le solicitó que participe en las actividades públicas de la iglesia.

Benedicto estaba sentado al lado de otros cardenales en la plaza de San Pedro durante el rito al inicio de la misa del domingo. Él y Francisco se saludaron brevemente a la llega del actual pontífice.

En una suerte de ensayo, Benedicto acudió en febrero a la ceremonia en la que Francisco ordenó a 19 nuevos cardenales. Pero oficiar una misa juntos es algo distinto, algo que sucede por primera vez en la historia de la iglesia, lo que muestra el deseo de Francisco de mostrar la continuidad en el papado pese a las diferencias entre personalidades y políticas.
 
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