Francisco, el Papa de la sencillez

Desde hace siglos, uno de los títulos más preciados de los Papas es el de Siervo de los siervos de Dios, con el que firman documentos eclesiales importantes
El Nuevo Herald | Marzo 23 de 2013
Daniel Shoer Roth
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Daniel Shoer Roth el Nuevo Herald

En las casas de formación jesuitas alrededor del mundo, los novicios se estrenan cumpliendo labores manuales como el aseo de los baños y las celdas, la labranza del campo; también hacen de auxiliares de la cocina, sin descuidar el refectorio. Es un servicio que consideran muy preciado dado que sigue las huellas de la trayectoria de Jesucristo, el humilde artesano de la Galilea rural hebrea.

El otrora cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio profesó votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia al culminar los dos años de entrenamiento espiritual en el Noviciado de la Compañía de Jesús en el barrio Villa Devoto, en Buenos Aires. Apegado a los ideales de austeridad evangélica que promovió el fundador de la orden, San Ignacio de Loyola, el ahora papa Francisco trae al Vaticano la sencillez y la pobreza que le han caracterizado: ha roto con la pompa vaticana y se ha desviado continuamente de textos y tradicionales ceremonias desde su instalación como obispo de Roma, destellando luces del acento que marcará su futuro pontificado.

“En definitiva, no está haciendo más que imitar a Jesús su maestro que quiso trabajar y vivir austeramente entre los pobres compartiendo sus dichas y desdichas”, observó el sacerdote jesuita cubano Guillermo “Willie” Arias, director espiritual en el Seminario San Juan María Vianney de la Arquidiócesis de Miami. “Estamos regresando a nuestras raíces, a los comienzos mismos de la Iglesia ya que Pedro y la mayoría de los apóstoles era gente trabajadora; simples pescadores”.

“Jorge Bergoglio se siente muy a gusto con sus raíces proletarias y eso obviamente nos gusta, cae bien”, apuntó, al agregar que el padre del primer Sumo Pontífice latinoamericano de la historia fue un trabajador ferroviario y lo envió a estudiar en la escuela pública de un barrio habitado mayormente por inmigrantes.

Desde hace siglos, uno de los títulos más preciados de los Papas es el de “Siervo de los siervos de Dios”, con el que firman documentos eclesiales importantes. “Pero a éste, que lleva tanto tiempo cargando sus propias maletas, tendiendo su propia cama y cocinándole al anciano obispo con el que compartía su apartamento, como que le sienta mejor”, aseveró Arias.
Rompiendo moldes

Desde que salió al balcón central de la Basílica de San Pedro tras ser elegido en apenas dos días de cónclave, Francisco ha manifestado gestos de humildad, desprendimiento y firmeza cargados de simbolismo, como su primera aparición ante los fervorosos fieles sin la muceta de armiño, la capita corta que parece un chal bordada en oro que recuerda a los emperadores romanos.

Otros atavíos que simbolizan la máxima dignidad en la Iglesia a los que ha renunciado son la cruz de oro y los zapatos rojos. El ex cardenal de 76 años también eligió un anillo del pescador de plata dorada y no de oro, el cual le fue colocado esta semana durante el rito de inauguración como el 266vo. pontífice en la historia de la Iglesia católica.

Bergoglio adoptó para su papado el nombre Francisco, evocando la pobreza y humildad de San Francisco de Asís, hijo de un opulento mercader italiano que renunció a los bienes materiales y quien, según la tradición católica, una vez creyó escuchar una voz de un crucifijo que repitió tres veces: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”.

De esas calles también originan los argumentos que han usado sus detractores para criticarlo por su alegada colaboración o inacción frente a la dictadura militar que subyugó a los argentinos entre 1976 y 1983, el capítulo más oscuro de su vida. Pesa sobre el Sumo
Pontífice la sombra de dos jesuitas secuestrados por los militares. El Vaticano alega que se trata de una campaña difamatoria y, esta semana, uno de ellos, el padre Franz Jalics, declaró en un comunicado que Bergoglio no fue responsable por su detención.
Tradición originaria

En el año 313, el Edicto de Milán firmado por Constantino I el Grande, estableció la libertad de religión en el Imperio romano, poniendo fin a la persecución de los cristianos y marcando el comienzo de la expansión de la Iglesia hasta abrigar a casi 1,200 millones de fieles en el siglo XXI.

Desde esa época, se inicia una tensión por la mutua ingerencia entre la Iglesia y los poderes temporales. Se trata de intromisiones que han hecho históricamente los imperios en la Iglesia, y las autoridades eclesiales en los asuntos del gobierno.

“Este Papa está buscando purificar a la Iglesia de algunos de estos símbolos de poder”, explicó Cortés. “Hay sectores de católicos tradicionalistas que les preocupa estos cambios porque identifican la tradición de la Iglesia con una cierta época que utilizaba esos símbolos”.

Uno de los gestos que apuntan a esta renovadora visión del papado es que Francisco se haya dejado besar y abrazar por los devotos, en vez de exclusivamente permitir que besen su anillo, ilustrando su dimensión humana. Otro ejemplo es el desuso del trono de Pedro en una sala del Vaticano donde recibe visitantes.

“Para aquellos que les preocupa la pérdida de la tradición, qué más tradicional que ir a los orígenes normativos del cristianismo en la persona de Jesús”, subrayó la monja cubanoamericana.

Son esos los orígenes que también, hace 900 años, quiso buscar Francisco de Asís, cuyas oraciones, como la siguiente, el jesuita Bergoglio debe haber recitado asiduamente:

“ Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz. Donde hay odio, yo lleve amor. Donde hay ofensa, yo lleve perdón. Donde hay discordia, lleve yo la unión. Donde hay duda, lleve yo la fe. Donde hay error, lleve yo la verdad. Donde hay desesperación, lleve yo alegría. Donde hay tinieblas, lleve yo la Luz”, reza una de sus más famosas plegarias enunciada a diario por católicos y no católicos.

“ Oh Maestro, haz que yo no busque tanto ser consolado como consolar; ser comprendido como comprender; ser amado como amar; porque dando es como se recibe; perdonando se es perdonado; muriendo, se resucita a la Vida Eterna”.
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