'El Chapo es el señor que me compra donas'

Asegura el vendedor que Joaquín Guzmán le pedía que llegara siempre a ofrecerle las donas.
Caracol 1260 | Febrero 25 de 2014
 Al parecer, Joaquín "El Chapo" Guzmán no andaba por Mazatlán escondiéndose todo el tiempo, o al menos así parece con la declaración de un vendedor de donas que asegura que el narcotraficante más buscado del mundo, era su cliente constante.

"Cuando vi la foto del hombre que decía que era 'El Chapo' Guzmán, dije: '¡no!, ¡él no es El Chapo!, ¡él es el señor que me compra donas y empanadas de cajeta en el Miramar'", expresa Agustín "N", reportó el periódico El Mañana de Nuevo Laredo.

Con la charola rellena de panecillos que él mismo elabora en su humilde hogar para subsistir, el vendedor ambulante sigue sin creer que un poderoso capo del narcotráfico en varias ocasiones le compró donas y empanadas de cajeta. 

"Me decía, 'écheme 10 empanadas de cajeta y unas 10 donas para que todos alcancen', tomaba una empanada y le echaba su mordida, luego me pagaba y me dejaba la feria, que eran como 50 o 70 pesos, más ó menos, me gustaba que bajara a comprar o mandara cuando avisaba por el aparato de la entrada que estaba afuera cargado de donas", asegura.

De vestir humilde y andar cansado, don Agustín dudaba si llegar o no hasta el interfono de la torre como en otras ocasiones, debido a la noticia de la aprehensión del narcotraficante.

Sólo se acercó al camellón central donde fue abordado por algunos reporteros que cubrían la noticia; ahí realizó su venta. 

Desconcertado, opta por sentarse en unas bancas aledañas al malecón. 

"Ese hombre me compraba donas y empanadas de cajeta, hasta me dijo 'llega cuando pases, si estoy, te compro'; a ese hombre 'le pusieron dedo', sólo alguien que lo conocía muy bien pudo haberlo delatado, andaba como uno, como un hombre normal, ni en cuenta que era 'pesado' y poderoso", agrega en voz baja. 

Después de varios minutos de lamentar haber perdido a un buen cliente, don Agustín continuó su camino con la charola de donas y empanadas en la cabeza. 

"La vida sigue..., y hay que chingarle para llevar la papita a la casa", dice mientras se aleja. 

"Me decía, écheme 10 empanadas de cajeta y unas 10 donas para que todos alcancen, tomaba una empanada y le echaba su mordida, luego me pagaba y me dejaba la feria, que eran como 50 ó 70 pesos", dijo Agustín, el vendedor de donas y empanadas.
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