Afirman que Chávez entregaría poder si pierde

Es posible que Chávez internamente quiera hacerlo [desconocer una eventual victoria de Capriles], pero no tiene ya la capacidad. Le sería imposible, comentó desde Caracas el ex embajador de Venezuela ante la ONU Diego Arria.
El Nuevo Herald | Octubre 6 de 2012
Antonio Maria Delgado
adelgado@elnuevoherald.com

El presidente venezolano Hugo Chávez lideró un golpe de Estado en febrero de 1992, y diez meses después participó en otro aunque estaba preso, pero no tendría más opción que entregar el poder para preservar el hilo constitucional si el candidato de la oposición Henrique Capriles resulta electo en los comicios del domingo.

Expertos consultados por El Nuevo Herald dijeron tener dudas de que Chávez esté en condiciones de desconocer una victoria de la oposición en las cruciales elecciones de este fin de semana, y advirtieron que un intento de hacerlo difícilmente podría sostenerse en el tiempo.

“Es posible que Chávez internamente quiera hacerlo [desconocer una eventual victoria de Capriles], pero no tiene ya la capacidad. Le sería imposible”, comentó desde Caracas el ex embajador de Venezuela ante la ONU Diego Arria.

“Hoy, no tiene otra opción [que reconocer la derrota de perder en las urnas]. No la tiene. Que grupos paramilitares o militares intenten hacer algo, puede que lo intenten, pero no tendrán éxito. Y el que él [Chávez] esté a la cabeza de un movimiento para no aceptar [los resultados] está mucho más allá de sus posibilidades”, sostuvo.

Los venezolanos acudirán el domingo a las urnas en unos comicios vistos como cruciales para el futuro del país sudamericano. Las encuestas se encuentran divididas sobre quién se encuentra a la cabeza en las preferencias del electorado, pero todas señalan que la intención de voto a favor de Chávez ha estado en descenso, mientras que la de Capriles ha estado ascendiendo.

Muchos venezolanos temen la posibilidad de que Chávez, quien ha expresado que la vida de su revolución socialista está en juego en los actuales comicios, pretenda hacer uso de la violencia para permanecer en el poder en caso de que los resultados le sean adversos.

Ese temor se debe en parte al pasado del mandatario, quien durante sus 14 años de ejercicio en el poder ha demostrado consistentemente que está dispuesto a colocar el avance de su revolución bolivariana por encima del cumplimiento de la Constitución y las leyes.

Y su incursión en la política nacional también tuvo una nacimiento violento.

Su primera aparición publica fue el 4 de febrero de 1992, cuando lideró un movimiento para llegar al poder a través de las armas, en un fallido de golpe de Estado contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez.

Ya en la cárcel, volvió a participar en otras sublevación, convirtiéndose en el símbolo de fallido golpe del 27 de noviembre de ese mismo año.

Ambas intentonas dejaron decenas de muertos.

Acentuando los temores también está el hecho de que Chávez ha acumulado un vasto poder que va más allá de las facultades claramente delineadas en la Constitución venezolana, controlando el Congreso, las cortes y, de especial relevancia en este momento, el Consejo Nacional Electoral.

Pero los expertos consideraron que cualquier intento de preservar su gobierno a través de la fuerza sólo podría ser ejecutado con el total beneplácito de la Fuerza Armada, y que ésta no estaría en condiciones de respaldar a Chávez en un nuevo atentando contra el hilo constitucional, incluso cuando el ministro de Defensa, Henry Rangel Silva, ha declarado abiertamente que el cuerpo castrense es revolucionario y que desconocería a un gobierno de la oposición.

De hecho, la Fuerza Armada sigue siendo mayoritariamente institucional —pese a los esfuerzos del chavismo por adoctrinarla— y no acompañaría a Chávez en lo que terminaría siendo un nuevo golpe de Estado, indicó Arria.

“La reciente declaración de Capriles de que ya tiene seleccionado a su ministro de la Defensa [que es un general activo] es un mensaje clarísimo: usted no es el dueño de la Fuerza Armada”, comentó Arria.

“Eso es una advertencia, un elemento de disuasión. [A través del mensaje], le recordó: allá adentro está la parte institucional y la parte institucional va hacer que se respete, sino que se imponga, la voluntad popular”, sostuvo.

De hecho, es mucha la presión ejercida sobre los generales activos dejándoles entender que el mundo está observando y que aquellos que se sumen a cualquier intento por resquebrajar la voluntad popular podrían terminar siendo juzgados en cortes internacionales por violación de los derechos humanos.

Parte de esa presión está siendo ejercida por militares institucionales que han pasado a retiro, pero quienes se mantienen en contacto con sus homólogos activos.

Pero también está siendo ejercida por otros medios, como los recientes mensajes enviados directamente por mensajes de texto a los celulares personales de cientos de oficiales de alto rango por una agrupación compuesta por militares retirados para recordarles sus juramento bajo la Constitución.

“Venezuela pasa por días cruciales de mucha incertidumbre, donde el temor a la violencia crece. Es menester recordarle las palabras de Bolívar: un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria”, expresaba uno de los mensajes enviados.

Pero incluso si lograra conseguir suficiente respaldo dentro de la Fuerza Armada como para intentar desconocer el resultado electoral, los expertos dijeron que sería una aventura difícil de sostener.

“Sería una jugada muy peligrosa para el chavismo porque significaría perder la legitimidad”, indicó Gillermo Lousteau, presidente del Interamerican Institute for Democracy.

“La única legitimidad que tiene el chavismo frente al mundo es que es un gobierno elegido por mayoría. Todo el mundo sabe que después todas las instituciones fueron violadas, que no hay libertad de prensa, que no hay independencia del poder judicial. Pero su régimen se ampara en una legitimidad de haber sido elegido popularmente. Si Chávez desconoce la elección y quiere quedarse en el gobierno, pierde esa legitimidad”, sostuvo Lousteau.

Roberto Izurieta, director de Proyectos latinoamericanos de la Escuela de Gerencia Política (GSPM), de la Universidad George Washington, coincidió.

“Básicamente pondría a Venezuela totalmente en otra categoría. Venezuela y otros países en similares condiciones han sido muy cautos en diseñar un proceso político que mantenga la superficie de democracia, sin los contenidos de la democracia. Eso ha sido esencial en esos procesos políticos. Acabado eso, estaríamos claramente hablando de una dictadura y eso creo que pondría a cualquier país en una situación internacional muy compleja”.
La propuesta de incursionar dentro del terreno formal de una dictatura también conllevaría el uso de la represión para poder contener el descontento social que automáticamente se produciría.

Lousteau añadió que Chávez no contaría con los mecanismos para aplicar eso en Venezuela.

“Chávez jamás podría conseguir transformarse en un gobierno totalitario como el de Cuba. Ya es muy tarde para eso”, comentó. “Lo pudo haber hecho al iniciarse el proceso, como lo inició Fidel Castro, pero imponerse por la fuerza solamente hoy Chávez no lo puede conseguir”.

Adicionalmente, un intento de desconocimiento del resultado electoral catapultaría al país sudamericano a un período de severo asilamiento que le enfrentaría incluso con países que tradicionalmente ha estado entre sus aliados.

Países como Brasil, por ejemplo, no podrían acompañarlo en esa aventura, al igual que Argentina, donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tendría maneras de respaldarlo.

“Creo que pondría en crisis a toda el ALBA, pone en crisis a países como Argentina que siempre ha apoyado a Chávez y pone en crisis a la OEA, que en casos similares se ha pronunciado en contra de quienes han usurpado el poder”, expresó Lousteau.

Un pronunciamiento negativo por parte de la OEA podría incluso conducir a medidas económicas contra el país sudamericano y cerraría incluso su acceso a mercados de la región.

De particular gravedad sería un cierre del acceso a los mercados estadounidenses, explicó Juan Fernández, ex director ejecutivo de Planificación de la estatal Petróleos de Venezuela.

El gobierno sudamericano actualmente envía cerca de 900,000 barriles diarios de crudo pesado difícil de refinar a EEUU, que pese a toda la retórica hostil esgrimida por Chávez contra Washington, sigue siendo el mejor cliente de Venezuela y el que mejor le paga.

Un cierre de ese mercado sería difícil de enfrentar, explicó Fernández, ya que Venezuela simplemente no puede enviarlo a otros países, porque son muy pocas las refinerías en el mundo que están en condiciones de procesar el pesado crudo venezolano.

Esa dificultad la tendría incluso China, país que ha mantenido una estrecha relación energética con Venezuela.

“No es que mañana me cierran los Estados Unidos y yo ya se los vendo a los chinos”, comentó Fernández. “Los chinos tienen entre sus proveedores gente del Medio Oriente que les están entregando los volúmenes que ellos están necesitando y no pueden incumplir con esos contratos de suministro para comenzar a comprar el crudo venezolano”.

Según estimaciones de Fernández, una solución sobre dónde colocar los 900,000 barriles del crudo venezolano podría requerir de inversiones y arreglos que podrían tomar más de seis meses en ser concretados.

Otro de los resultados inmediatos de esa medida es que Venezuela no tendría más opción que declarar el default, e incumplir con el voluminoso endeudamiento emprendido en años recientes por PDVSA, lo que podría afectar seriamente las operaciones de la empresa y poner en riesgo de embargo sus activos en el exterior.

El ex guerrillero y ex ministro de Planificación Teodoro Petkoff declaró que Chávez va a entregar el poder si pierde las elecciones.

Explicó que el mandatario ha sido muy racional en situaciones de alta tensión, incluyendo el golpe de Estado de 1992, cuando se rindió pese a que sus comandantes ya habían controlado gran parte del país, porque se dio cuenta que Pérez seguía en control en el Palacio Presidencial de Miraflores.

Lo mismo sucedió 10 años después, cuando fue blanco de un golpe en el 2002, cuando “fue por sus propios pies, caminando al Fuerte Tiuna, […] porque comprendió que la insinuación que le hizo uno de sus ministros de inmolarse en Miraflores, como el mismo dijo, ‘es una locura, mientras hay vida, hay esperanza’”.

El líder de la revolución bolivariana también reconoció el triunfo de la oposición durante la reforma constitucional, recordó.

“Chávez es un hombre que en momentos difíciles para él, razona con frialdad y serenidad […] Yo encuentro un Chávez, que en ciertos momentos de gran importancia política, sabe que a él le va mejor si actúa correctamente que si lo hace incorrectamente”, expresó.

Siga a Antonio María Delgado en Twitter: @DelgadoAntonioM.


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