Viaja 55 millas para estudiar en el Miami Dade College

Es la única opción que tiene como indocumentado para realizar estudios universitarios.
El Nuevo Herald | Marzo 18 de 2014
Los destellos de la aurora empezaban a iluminar el cielo oscuro una fría mañana en Boyton Beach, cuando Brayan Vázquez salía de su hogar para empezar su viaje de 55 millas a la universidad.

Brayan, de 19 años y estudiante de informática en Miami Dade College, es indocumentado.

El no tiene un coche o una licencia de conducir, por lo que hoy, como todos los martes y jueves, su padre Jesús Vázquez lo lleva hasta la estación del Tri Rail de Delray Beach, que le queda en el camino a su trabajo de construcción en Boca Raton. Desde allí, Brayan inicia su viaje de casi dos horas al campus Norte de la universidad, en la avenida 27 del noroeste.

Para los estudiantes indocumentados como Brayan, no existen muchas opciones para la educación superior asequible. MDC es una de dos escuelas que permite que los jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos como menores de edad puedan pagar matricula al costo de los residentes del estado.

Brayan calificó el año pasado para la medida Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que protege a los jóvenes de ser deportados por autoridades de inmigración. Podría obtener una licencia de conducir bajo ese estatus, pero pagar por un vehículo y conducir mas de una hora no seria viable para él.

Hacia las 5 a.m. en los días que tiene clases, Brayan se levanta, se ducha rápidamente y agarra una bolsa con la comida del resto del día, que su madre prepara esa misma mañana. Es un largo viaje que muchos simplemente no harían.

Universidades mas cercanas a Boyton Beach, como Palm Beach State College –a unos 10 minutos en auto— no ofrecen a estudiantes indocumentados costo por matriculas de residentes del estado. El precio de no residente es demasiado caro para Brayan.

Mientras que los estudiantes que califican como residentes de Florida pagan $98.25 por crédito de clases, aquellos que no son del estado pagan $358 por crédito.

En MDC el costo es similar; el precio de la matricula estatal es $114.22 por crédito y no estatal es de $398.50.

Sin la exención, Brayan tendría que pagar unos $4,800 por cuatro clases este semestre, pero en lugar de eso paga algo más de $1,370.

De acuerdo con Grace H. Truman, directora de Relaciones Universitarias y Mercadeo en Palm Beach State College, la universidad no está considerando ofrecer exenciones para estudiantes indocumentados. Truman dijo que la universidad sí apoya la reciente propuesta de legislatura en Tallahassee como una solución a largo plazo para estudiantes como Brayan.

El camino a la universidad comienza con un viaje de 15 minutos desde la casa de Boyton Beach a la estación de tren. Este día Brayan y su padre, Jesús Vázquez, escuchan viejas canciones en español en una emisora de radio local. Brayan tararea con la música mientras mira por la ventana a través de sus lentes de un marco negro grueso. De repente Jesús apunta un autobús blanco que les pasa por el lado.

“Mira”, dice Jesús, señalando al autobús. “Esos son los jornaleros; es el tipo de trabajo que muchos de nosotros terminamos haciendo cuando llegamos aquí”.

Cuando llegan a la estación se despiden por el resto del día mientras el sol empieza a salir. Bryan espera sentado en un banco por unos minutos hasta que llega el tren.

El muchacho revisa su boleto de tren electrónico rápidamente y sube las escaleras para conseguir un asiento en la parte de arriba de la cabina. Se sienta al lado de la ventana, se pone sus audífonos y escucha al grupo de música alternativa puertorriqueño Calle 13, mientras lee un libro de texto titulado We the People, para su clase de gobierno.

El tren pasa por otras nueve estaciones antes de llegar a la de Opa-locka, desde donde Brayan sube a un autobús que lo deja en la universidad hacia las 8:30 a.m.

Durante los días de clase, Brayan deja su casa antes de las 6 a.m. y regresa pasadas las 6 de la tarde. En la universidad llega a sus clases temprano, estudia en el laboratorio de computación y luego hace el mismo viaje de regreso a casa con la puesta del sol.

“A veces me pregunto si vale la pena”, dijo Brayan durante uno de sus viajes recientes. “¿Podré pagar el próximo semestre? Había registrado cinco clases y tuve que cancelar una. Esto es lo que mis padres quieren que haga, es su sueño. Muchos de mis tíos, tías y primos tienen tanta esperanza puesta en mí. Creen en mi mas que yo mismo a veces”.

CUESTIÓN DE POLÍTICA

La conversación nacional sobre la reforma migratoria es ahora un tema candente y Florida no es la excepción.

En el 2012 el presidente Barack Obama firmó la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). El memorando provee una solución temporal para los inmigrantes que llegaron al país antes de cumplir los 16, son menores de 31 años y son estudiantes de escuela secundaria o ya se han graduado de la misma.

Ahora los legisladores de la Florida parecen estar considerando seriamente una propuesta de ley que establecería que los estudiantes como Brayan pueden pagar matriculas a precios de residentes del estado.

La propuesta, HB-851, fue introducida en la Cámara de Representantes en febrero por la representante del distrito 119 Jeanette Núñez, republicana de Miami.

El gobernador Rick Scott, quien aspira a la reelección en noviembre e intenta conquistar el codiciado voto hispano, ha empezado a coquetear con la idea de ofrecer costo estatal de matriculas a los estudiantes indocumentados.

Recientemente, afirmó que respaldaría la matrícula estatal para los estudiantes indocumentados.

“Es algo que definitivamente voy a considerar”, dijo Scott al Caucus Legislativo Hispano a principios de febrero, cuidándose de no comprometerse a favor o en contra. “Creo que el precio de la colegiatura es muy caro”.

Aprobar este tipo de legislación requiere superar algunos retos. Han pasado 11 años desde que la primera propuesta sobre costo de matricula estatal para estudiantes indocumentados se debatiera en Florida. Desde entonces nada se ha hecho al respecto.

“Todavía nos queda mucho football por jugar”, dijo Núñez sobre la propuesta de ley. “Son 60 días de Legislatura. Mientras pueden ser 60 largos días, también podrían ser 60 cortos días. Creo que esta es tan buena oportunidad como cualquier otra para que se convierta en ley”.

Los estudiantes que hayan asistido a una escuela secundaria en Florida y soliciten admisión a la universidad en un lapso de dos años desde que se gradúen de la escuela, estarían cubiertos por la ley. Al menos 15 estados han aprobado legislatura similar.

“No es una cuestión de justicia, se trata de la sociedad y economía en la que queremos vivir”, opinó el demócrata José Javier Rodríguez, representante estatal del distrito 112 de Miami. “Estos son estudiantes en los que el estado ya ha invertido en la escuela secundaria. Justo en el momento en el que pueden empezar a ser productivos a la sociedad se les está truncando el camino”.

Los que se oponen a la legislación argumentan que seria injusto darles una ventaja a los indocumentados sobre aquellos que cumplieron con las leyes de inmigración.

“No estoy de acuerdo en que personas que no son ciudadanos de este país, están aquí de manera ilegal se cuelen al principio de la fila en frente de aquellos que siguieron las reglas”, dijo Don Gaetz, presidente del senado estatal, en una entrevista reciente. “No podemos darles el mismo lugar de aquellos que esperaron para hacerse ciudadanos y que así sus hijos reciban beneficios, incluyendo los precios de matricula estatal”.

Para Eduardo Padrón, el presidente de MDC, ayudar a los estudiantes como Brayan es una cuestión moral.

Dijo que admira a los estudiantes que están comprometidos a obtener una educación, y recordó que sin oportunidades similares él no habría estado en el puesto que ocupa hoy.

“Si hubiera tenido que pagar cuatro veces mas de lo que pagué por mis estudios cuando llegue aquí, no habría podido graduarme de la universidad”, dijo el cubanoamericano. “Esto es personal. Creo que [la igualdad en el costo de las matriculas] es un asunto personal para cualquier persona que entienda el fundamento de los Estados Unidos. Es algo que necesita ser aprobado ya”.

UN FUTURO MEJOR

La vida era humilde en Jaral del Progreso, una ciudad a unas cuatro horas al noroeste de la capital mexicana.

“Yo tenia una muñeca con un ojo roto. Le cosía vestiditos”, recordó la madre de Brayan, María de los Angeles Aguilar. “Pensaba que mi muñeca era bella, pero estaba rota y gastada. Siempre soñé con darle a mis hijos cosas que yo nunca pude tener”.

La noche de un miércoles reciente la familia compartía en la sala de la casa de Boyton Beach a la que se mudaron hace poco tiempo. Abril Denisse Vázquez, la hermana de 9 años de Bryan, hace sus tareas en un sofá en el lado extremo del salón. Jesús y María cuentan sobre los comienzos de la familia en México, mientras Brayan escucha atento.

María y Jesús crecieron en Jaral del Progreso. Se conocieron en la escuela secundaria y empezaron a salir luego de que María rompiera con un antiguo novio.

Ambos ríen al contar la historia de los paseos de domingos en El Jardín, una tradición mexicana.

Es una pequeña plaza donde los jóvenes que buscan salir con alguien se pasean. Las solteras caminan en una línea y los solteros en otra paralela hasta que encuentran a alguien que les guste para empezar a charlar.

“Cuando lo conocí me pidió que diéramos una vuelta por El Jardín”, dijo María, mirando a su esposo con una sonrisa en su rostro. “Era muy callado. Me sentía feliz estando con él. Sabía que cada domingo saldríamos. Hasta lo llevé a la iglesia”.

Jesús se iría a los Estados Unidos en los primeros años de la relación, ya que tenía familia en Arizona.

María recuerda el día exacto: el 4 de enero de 1984. Fue un día triste, susurra, la incertidumbre de ver partir al hombre que ama.

No volvieron a hablar hasta noviembre de ese año pero María siempre rezó por él. Cuando finalmente conversaron por teléfono, Jesús le dijo que la extrañaba. María no se lo dijo, pero en ese momento decidió que lo esperaría.

Se casaron unos años mas tarde, cuando Jesús regresó a México. Tuvieron a Brayan en 1995 y Jesús se mantuvo viajando entre México y EEUU para trabajar.

“En aquellos tiempos era mas fácil ahorrar dinero estando solo en Estados Unidos”, dijo Jesús. “Vivía con mi hermana y pagaba $100 de renta y unos $50 de comida. Le podía enviar dinero a [María] por Western Union o MoneyGram”.

Los primeros años María crío a Brayan sin la presencia constante de su padre. Cuando el chico cumplió 2 años madre e hijo se unieron al padre en EEUU.

“Pasamos por un canal y seguimos caminando, empapados”, recuerda María sobre los detalles del difícil viaje. “Mi cara se cortó con ramas de árboles. La ropa se quedaba enganchada. Éramos un grupo de 12 personas y nos subieron a un camión para cruzarnos. Fue muy difícil”.

María regresó a México cuando Brayan era aun un bebé, por la difícil situación financiera. Volvieron a EEUU una década después para quedarse, esta vez con su hija de dos años de edad, y Brayan con 12.

Tener un techo, comida en el refrigerador, poder mirar juntos la televisión, es por lo que siempre han luchado. No es una vida de lujos, el ingreso anual de la familia es de menos de $30,000 al año, pero tienen lo que necesitan.

“No somos una familia perfecta”, confesó Jesús. “Discutimos, no estamos siempre de acuerdo, pero dialogamos”.Mas tarde la familia sale al porche a conversar. María ríe con los chistes de Denisse.

Jesús sale al patio a quitar la maleza de la grama. Quiere mantener bonito el césped de la nueva casa. Brayan lo sigue y le ayuda por una media hora hasta que llegan las 9 p.m. En unas horas se iran a dormir y despertaran para ir al trabajo y a la escuela, y seguir luchando por la vida por la que se han sacrificado.

CUANDO LLEGUEN LOS 16

Después de su primera clase de los jueves, Brayan acostumbra a almorzar cerca del lago de la universidad. Hoy su madre le preparó un emparedado de pavo, queso fresco y aguacate, y también le empacó uvas, una barra de proteínas y una botella de agua. Casi siempre almuerza solo.

“Es difícil hacer amigos”, dice Brayan. “Cuando vas a clases solo dos días a la semana no conoces a tanta gente”.

Su segunda clase, álgebra intermedia, termina a las 3:30 p.m. de ahí Brayan toma un bus a la estación de tren. Usualmente toma el Tri-Rail de las 4:15 pero hoy llegó un poco tarde y debe esperar media hora por el próximo tren.

Mientras espera, el chico que casi siempre es callado, empieza a hablar un poco más sobre su historia. Le preocupa su futuro, pero más que todo el de su hermanita.

“No puedes interrumpir su alegría diciéndole que sin un documento con nueve dígitos no podrá lograr sus sueños”, reflexiona Brayan, con los ojos aguados. “Pero cuando lleguen los 16, la cruel realidad la golpeará fuerte. No me atrevo a decirle cómo es la vida de un indocumentado”.

Brayan habla de sus propios sueños. Quiere ayudar a la gente en posiciones menos favorables que la suya. Su meta es construir un refugio para mujeres y niños que han experimentado situaciones traumáticas, como abuso físico.

Al final del día Brayan habrá viajado más de 110 millas en dos trenes y dos autobuses. Jesús lo recoge en la estación, esta vez acompañado de Denisse, su hermana.

En el auto los hermanos bromean y Denisse habla sobre su día en la escuela.

A pesar de que la trayectoria es larga, Brayan dice que ha aprendido a apreciar el camino, y sus lecciones de vida.

“La gente me tendrá pena porque tengo que viajar por una hora y media en tren”, dice. “Pero si estuviera manejando en carro no habría conocido a la gente maravillosa con la que me he encontrado aquí”.
 
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1 Ldmdurb8hl2 | hace 23 semanas Wham bam thank you, maam, my quitneoss are answered! Responder
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