Texas beberá el agua depurada de duchas e inodoros por la sequía

Wichita Falls será la primera ciudad en Estados Unidos en realizar una apuesta tan arriesgada.
El Pais | Mayo 21 de 2014
En la ciudad de Wichita Falls, en Texas, la escasez de agua ha llevado a que las autoridades tomen medidas tan desesperadas como tratar el agua de los retretes para que se mezcle con las reservas de agua potable y llegue directa a los vasos de los consumidores. El fantasma de la sequía ha dejado su huella en el Estado y las alternativas han comenzado a agotarse.
 
Sus habitantes han expresado su malestar por la decisión, pero no es mucho lo que pueden hacer. El pasado viernes, la ciudad declaró la etapa 5 de restricciones para el agua, lo que implica que sus lagos están a un 25% de su capacidad. Sin embargo, la decisión ya tiene precedentes: San Antonio, por ejemplo, procesa el agua de inodoros y la utiliza para regar campos de golf, parques y universidades. Dallas hace lo mismo con el campo de golf Cedar Crest.
 
El agua residual será tratada y luego llegará al río Big Wichita para pasar por un proceso natural de limpieza, que demora varias semanas, y después desembocar en el lago Texoma. Si el plan de las autoridades locales sigue adelante, el agua tratada proveniente de inodoros, duchas y lavatorios se mezclará en una cantidad de 50/50 con el agua proveniente de los lagos Arrowhead y Kickapoo. Lo harán concretamente a través de un gasoducto de 21 kilómetros que conectará dos plantas de procesamiento de agua.
 
Wichita Falls será la primera ciudad en Estados Unidos en realizar una apuesta tan arriesgada. Su alcalde Glenn Barham ha asegurado que es la mejor alternativa ante la sequía e insistió en que “tomará el primer vaso”. Pero, antes de hacerlo, la Comisión de Calidad Medioambiental de Texas debe aprobar la calidad del agua y certificar que es segura para la población. Para eso, las autoridades locales deberán realizar diversas pruebas, que ya han comenzado. Este mes la comisión anunció que se requerirán más exámenes para seguir adelante con la medida.
 
Históricamente Texas ha desarrollado proyectos de agua convencionales como reservas, pozos de agua subterránea y medidas de conservación. Pero ahora las autoridades locales se están enfocando en reutilizar el agua y desalinizar para enfrentar la sequía continuada que el Estado sufre desde hace cuatro años: el 83% de su territorio está experimentando algún nivel de sequía y un 67% de nivel severo o excepcional.
 
A partir de ahora, los negocios de lavado de autos sólo podrán operar cinco días a la semana. Si los lagos alcanzan el 20%, tendrán que cerrar temporalmente. Para los hogares que sobrepasen los 38,000 litros de agua, el precio subirá de acuerdo al uso, entre otras medidas.
 
Actualmente los manuales para conservar el agua son lectura obligada para los residentes: “riegue sólo cuando sea necesario, cuando lave el auto use un balde, no tome duchas largas”, insisten.
 
“Nuestro desafío es enfrentar el hecho de que los texanos, en general, no utilizan bien el agua y necesitamos ser más eficientes en el uso de las reservas actuales, mientras reducimos los usos no esenciales”, aseguró Ken Kramer, consejero para Sierra Club en Texas y miembro del directorio en Texas Water Foundation.
 
Según datos del Consejo de Desarrollo de Agua de Texas (TWDB), el 80% de las reservas del Estado ya están siendo utilizadas y los pronósticos no dibujan un panorama alentador. “Ya vemos que algunas comunidades pequeñas están al borde de quedarse sin agua. Si Texas recibiera de pronto su nivel de lluvia normal, yo no hablaría de una crisis. Pero sí diría que el Estado enfrentará desafíos futuros serios si las comunidades no cambian la manera en que piensan sobre el agua”, explicó Amy Hardberger, abogada y geocientífica de la Universidad St. Mary.
 
De acuerdo al último reporte de National Climate Assessment for Texas “las temperaturas en aumento están produciendo un alza en la demanda de agua y energía. En partes de la región esto limitará el desarrollo, estresará los recursos naturales e incrementará la competencia por agua entre comunidades, el sector agrícola, la producción energética y las necesidades ecológicas”.
 
“La mayoría de las predicciones apuntan a un Texas más seco y caluroso como resultado del cambio climático. Pero la sequía ha llevado a que muchos reexaminen el uso del agua. Eso, sumado a esfuerzos de conservación y programas de respuesta, ha reducido el uso per cápita de agua en muchas partes del Estado incluyendo Austin, Dallas y San Antonio. Creo que esa tendencia continuará”, explicó Kramer.
 
El último plan estatal sobre agua estimó que Texas experimentará un déficit de 1,022 billones de litros para 2060, pero especialistas del Centro de Estudios Políticos de Texas aseguran que la cifra sólo llegará a 41,000 millones de litros.
 
La efectividad de las estrategias para el tratamiento del agua y la disminución en su consumo son materia de debate a nivel estatal, pero donde sí existe consenso es que el costo de agua se elevará considerablemente en el Estado. “No es algo que se pueda evadir, el agua barata se ha ido. Nueva agua implica nueva tecnología y alguien tendrá que pagar por eso”, comentó Hardberger.
 
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