Ex colegas de asesino de Hialeah revelan que fue obligado a renunciar del Miami Dade College

Las autoridades de Hialeah informaron que los dueños del edificio pagarán por los servicios fúnebres de las víctimas.
El Nuevo Herald | Julio 30 de 2013
Melissa Sánchez, María Pérez y Patricia Mazzei el Nuevo Herald

Tres días después de una de las peores masacres en la historia de Hialeah, nuevos detalles sobre el asesino revelan que a pesar de que tenía un estilo de vida sumamente austero, había acumulado cerca de $100,000 en una cuenta de ahorros.

Además, sus ex compañeros de trabajo en el Miami Dade College confirmaron que fue obligado a renunciar tras encontrársele material considerado como un peligro para la universidad.

Pedro Alberto Vargas, quien mató a seis de su vecinos el viernes por la noche, tenía por todo el apartamento que compartía con su madre anciana una serie de pequeñas notas amarillas con lo que parecen ser las escenas de una historia sobre una relación tortuosa entre un hombre que vivía en un apartamento espartano, hacía ejercicio y tenía aventuras con prostitutas.

Estas evidencias, halladas por una reportera de El Nuevo Herald durante una visita al apartamento carbonizado el lunes por la tarde, ofrecen nuevos detalles sobre el complejo carácter de Vargas, cuyos motivos aún son desconocidos.

El hombre, de 42 años, murió en un tiroteo con la policía el sábado en la madrugada en otro apartamento del mismo edificio, en la 1485 W 46 Street, donde había tomado a una pareja como rehenes. No tenía antecedentes delictivos. Una foto del cuerpo de Vargas, tomada momentos después del enfrentamiento con la policía y a la que El Nuevo Herald tuvo acceso, muestra que vestía una camisa de manga corta y cuadros en tonos azules, una camiseta blanca y jeans.

Sospechas de ex compañeros de trabajo

El lunes, la administración del MDC dio a conocer que Vargas había renunciado en el 2008 a su posición como diseñador gráfico en el campus norte cuando estaba a punto de ser despedido porque se descubrió que había descargado al menos 24 archivos considerados como “inapropiados” y había visitado al menos una página “antigubernamental” desde su computadora del trabajo.

Ex empleados dijeron que el material que Vargas había descargado de la internet representaba “una seria amenaza” para la seguridad del MDC, y declinaron dar detalles aunque negaron que se tratara de pornografía.

Además, un ex supervisor directo de Vargas en MDC dijo que siempre sospechó que él era el responsable por una serie de amenazas y ataques sexuales que tanto él como su esposa recibieron a través de correos electrónicos, mensajes de texto y Facebook después de su renuncia, aunque las autoridades nunca lo pudieron confirmar.

Elmo Lugo aseguró que los mensajes variaban desde fotos manipuladas de Lugo decapitado hasta un mensaje en marzo que pedía que muriera del mismo cáncer que mató a Hugo Chávez.

“Variaba de un lenguaje muy grosero a cosas que eran risibles”, dijo Lugo. “Yo siempre sospeché que era él por su pésimo vocabulario y los errores gramaticales que siempre cometía”.

Lugo dijo que las autoridades policiales sólo lograron determinar que los mensajes provenían de una computadora en una biblioteca de Hialeah. El Canal 7-WSVN fue el primero en reportar estas denuncias el lunes por la tarde.

Otro ex empleado del MDC, que también supervisó a Vargas, dijo que también recibió amenazas a través de texto, correo electrónico y Facebook y que sospechaba que provenían de Vargas.

Después de su renuncia, se colocaron volantes con su fotografía en la oficina del MDC en que trabajaba advirtiendo que no se le dejara entrar por ningún motivo.

“Nunca pude comunicarme con él, pero uno podía sentir el odio que llevaba por dentro”, dijo el ex empleado que pidió no ser identificado.
Antes de empezar la matanza, Vargas prendió un pequeño incendio en su propio apartamento con lo que al parecer eran $10,000 en efectivo.

Vargas se graduó con un título en diseño gráfico de MDC en el 2004. Trabajó en esa institución de tiempo parcial tras su graduación hasta el 2007, cuando fue contratado a tiempo completo en un departamento en el campus norte dedicado a proveer servicios audiovisuales, fotografía, arte gráfico y apoyo digital.

En un comunicado enviado el lunes por la tarde, Juan Mendieta, vocero de MDC, dijo que los supervisores de Vargas empezaron a poner en duda su desempeño por su falta de puntualidad, retrasos al entregar su trabajo, la calidad de sus proyectos, y por no seguir órdenes.

“Cuando estos problemas continuaron, también se detectó que en varias ocasiones en el 2008 Vargas accedió a páginas web inapropiadas durante horas de trabajo”, indicó Mendieta.

Vargas renunció antes de ser despedido, escribiendo en una carta a la administración de MDC que: “No deseo trabajar en este ambiente envenenado que ha sido creado en el departamento”.

Mucho dinero

Tras renunciar de su cargo en el MDC, Vargas trabajó brevemente en la oficina de Miami de Systemax, una empresa de productos de computadoras. Varios empleados de esta oficina dijeron el lunes que no lo recordaban.

En años recientes, Vargas parece haber trabajado a tiempo parcial como diseñador gráfico, aunque no está claro dónde.

Sin embargo, Vargas tenía dinero. Mucho dinero.

Varios estados de cuenta bancarios hallados el lunes entre sus pertenencias en el apartamento muestran que en octubre del 2007, Vargas tenía $70,814.29 en ahorros. Luego, en junio del 2012, el monto había aumentado hasta $92,585.76.

A pesar de su dinero, Vargas continuaba viviendo con su madre en un apartamento de una habitación, aunque había unidades en el mismo edificio de dos habitaciones. El alquiler por las unidades de una habitación es de $800 mensuales.

Los ahorros de Vargas no parecen haber afectado la decisión de su madre, Esperanza Patterson, de solicitar ayuda de subsidio federal del Plan Ocho en varias ocasiones desde 1996. Tampoco se sabe si ella tenía conocimiento sobre la cuenta.

Tras estar en la lista de espera desde el 2008 para recibir esta ayuda, Patterson recién fue citada para el lunes a una entrevista de “elegibilidad” para el Plan Ocho. Su petición indica que buscaba una vivienda para ella sola, y no para su hijo.

Sherra Mcleod, del Departamento de Viviendas Públicas y Desarrollo Comunitario, explicó que la cita era para actualizar su solicitud y determinar si todavía era elegible.

“Dependiendo en lo que ocurriera durante esa reunión se determinaría si recibiría una vivienda”, dijo Mcleod.

Patterson, quien de acuerdo con las autoridades se ha quedado con familiares en Miami desde la masacre, no asistió la reunión.

En los días después de la tragedia, varios vecinos del complejo de cinco pisos habían dicho que Vargas se enfureció tras saber que tendría que desalojar el apartamento, supuestamente debido a que no estaba inscrito en el Plan Ocho con su madre.

Los propietarios del edificio y los registros judiciales indican que no había un proceso de desalojo en su contra.

Un hombre obsesionado

En el apartamento, que mostraba las huellas del incendio que Vargas provocó al quemar unos $10,000 en billetes antes de empezar la matanza, también guardaba un machete y decenas de DVDs pirateadas de las series de televisión Dexter, Star Trek y Mad Men, entre otras.

También había al menos tres pares de zapatos deportivos, una raqueta de tenis, un cinturón de pesas y una máquina para levantar pesas.

Varios vecinos y conocidos de Vargas habían dicho que estaba obsesionado con el ejercicio y que visitaba el gimnasio varias veces al día.
Jorge Bagos dijo que Vargas utilizaba la misma camiseta blanca y shorts todos los días, aunque estuvieran sucios. Llegaba al L.A. Fitness de Hialeah, levantaba pesas por cuatro horas, y luego salía sin ducharse.

Bagos dijo que a veces hablaba sobre su dieta, y que comía un poco cada tres horas. También le contaba sobre sus problemas con
mujeres de su vida, indicando que “me utilizaban por mi dinero”.

Las autoridades de Hialeah informaron que los dueños del edificio pagarán por los servicios fúnebres de las víctimas.

El primer velorio será el martes. Las víctimas incluyeron al matrimonio que administraba el edificio, Italo y Samira Pisciotti, de 79 y 69 años; Carlos Gavilanes, de 33, quien vivía al otro lado de la calle; y Patricio Simono, de 64, su novia Merly Niebles, de 51, y la hija de ella, Priscilla Pérez, de 17.

Antonio Delgado, uno de los propietarios del complejo de apartamentos, dijo que sabía poco de Vargas y que nunca había dado problemas en el edificio.

“No sabemos nada de él, más que era un hombre muy discreto”, dijo Delgado. “Era como una fantasma”.

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