Enrique Córdoba, el viajero incansable

Lo virtual funciona y es útil, pero los viajes hay que vivirlos.
El Nuevo Herald | Noviembre 26 de 2013
HERNÁN VERA ÁLVAREZ
ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Al aristócrata Xavier de Maistre lo confinaron a 42 días de encierro en su pequeño departamento de la Vía Po, en la ciudad de Turín, por querer batirse a duelo. Lejos de tomarlo como un castigo, el conde aprovechó la situación y se dedicó a describir su hogar –muebles, pinturas, adornos– y a tomar nota de sus pensamientos. El resultado de esa odisea visual e íntima se publicó en 1794 como Viaje alrededor de mi habitación y fue un éxito entre los lectores franceses, que se multiplicaron en las décadas siguientes hasta convertirlo en un clásico de la literatura universal –como señala Enrique Villas-Matas: Carlos Argentino Daneri, el personaje de El Aleph, de Borges, nombra el libro del conde en el poema monstruoso que intenta escribir.

De Maistre era un viajero sedentario, como también lo fue Lezama Lima. En la soledad de un cuarto modelaron territorios cautivantes. Pero hay otra clase de aventureros que prefieren correr otros riesgos y entregarse al azar del camino. Por lo general no necesitan mucho: unas ropas de ocasión –cuanto más ligero se viaje más libre será la travesía–, un cuaderno y una infinita curiosidad. La lista es fecunda: Marco Polo, Theroux, Martí, Sarmiento, Hemingway, Paul Bowles y muchos otros escritores que han sido ejemplo de otros autores en otras latitudes. El periodista y escritor Enrique Córdoba (Colombia, 1948) pertenece a esta clase de viajeros.

El Marco Polo de Lorica reúne artículos, crónicas de viaje y notas autobiográficas que Córdoba ha escrito en diversos medios por más de 50 años. En el libro hay ciudades míticas para el aventurero como Tánger, Venecia, París, Buenos Aires, y también retratos de escritores: José Donoso, Antonio Skármeta, Ryszard Kapuscinski. Pero Córdoba no se limita a lo establecido, atento al descubrimiento, se inmiscuye en pasajes desconocidos del Caribe, se mete con marineros de dudosa moral, taxistas que trabajan con muertos, aristócratas sin un centavo en Varsovia.

El autor también ha publicado Cien voces de América y Mi pueblo, el mundo y yo. Sobre El Marco Polo de Lorica, Carlos Alberto Montaner ha dicho: “Excelente libro de crónicas. Enrique Córdoba nos ha prestado su penetrante mirada para ver el mundo de otra manera. Es una obra inquietante y deliciosa”.

De las maneras de viajar (aire, mar y tierra), ¿cuál es su preferida?

Tierra, mar y aire, en su orden. Fui camionero, marinero y capitán de tren en vidas pasadas. El viaje es un estilo de vida, mi sino es el movimiento. Los viajes por tierra me dan la oportunidad de detenerme al instante y sin problemas. Me atrae un paisaje o la gente y justifican estar allí.

Ha entrevistado a cientos de escritores; más allá de la admiración por su obra ¿quién lo ha sorprendido?

Cada entrevistado me deja pensamientos y puntos de vista aleccionadores. El caso de José Álvarez López lo encuentro simpático. Era un físico, matemático y egiptólogo argentino, a quien su papá le dijo: mi padre no tuvo para pagar mi educación, tú no te preocupes yo pago. Cuando lo conocí tenía 70 años y aseguraba que seguía leyendo por cuenta de su padre. ¡Es sorprendente!

En estos tiempos de internet, ¿cree que de alguna manera ha cambiado la manera de viajar, en todo caso, de mirar el mundo con curiosidad?

Como en el amor, los viajes hay que vivirlos para sentir la influencia y su impacto. Nada podrá reemplazar, por ejemplo, estar frente a un atardecer en Santorini o Negril, compartiendo la emoción de ese espectáculo con centenares de personas tan diversas.

Lo virtual funciona y es útil, pero los viajes hay que vivirlos.

¿Tiene alguna ciudad a la que vuelve siempre?

Adoro Cartagena de Indias y Roma, más que ciudades, son museos vivos donde los edificios son historia y las calles hablan de un pasado extraordinario. Son lugares con gente, bullicio y música propia. Muy diferentes, pero las dos son hermosas, coloridas y han sido protagonistas de imperios, Roma como capital y Cartagena en su rol de punta de lanza de la España conquistadora.

Vive en Miami desde 1997, ¿cómo ve el desarrollo de la ciudad en lo que respecta a su cultura?

He sido testigo y apuntador del cambio de Miami en el último cuarto de siglo. A pesar de haber sido un trotamundos y de haber vivido e ido al supermercado en los cinco continentes, bajo el cielo de Miami ha transcurrido la mayor parte del tiempo de mi vida. Es una ciudad que amo y defiendo, porque Miami me acogió y en Miami está mi cama y están mis sueños.

¿Cuál es la mayor lección que ha aprendido de todos sus viajes?

Los viajes me han enseñado a querer y considerar más a los otros. Viajando he aprendido a entender que la gente buena está en todas partes y que todos tenemos los mismos sueños y las mismas ilusiones. Tanto el taxista de Jerusalén, el canoero de Ushuaia y el comerciante de Lorica, mi pueblo, todos se levantan con la esperanza de tener un buen día y acostarse confiados en que vale la pena vivir.•

‘Historias para ser contadas’, con Ismael Cala, Enrique Córdoba y Ana Fuentes. Domingo 24,

12:45 p.m., Sala 3314 (Edificio 3, 3er piso).

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