Grandes interrogantes hay hoy sobre los cielos de Venezuela. Muerto Chávez, como era previsible por su larga y dramática enfermedad, desaparecida la figura del líder que concentro todos los poderes, odios y simpatías, no será fácil la recuperación del país. Han sido muchos los daños que ha padecido la tierra de Bolívar, muchos los descalabros sociales, políticos y económicos, muchos los malos manejos, las políticas erróneas, mucho el enriquecimiento ilícito, el despilfarro de los dineros del pueblo para rendir culto al Presidente, a sus secuaces y a Presidentes conquistados por el poder del dinero para prolongar a sus países la llamada revolución bolivariana, que muy pronto ha de acompañar a Chávez en su tumba.
Termina una inmerecida etapa negra para los venezolanos, miles de ellos regados por el mundo tras la persecución, el acoso y el despojo de sus bienes, pero será indispensable no llorar hipócritamente como lo están haciendo algunos llamados “buenos o mejores amigos” de Chávez. Ya veremos qué pasa cuando se imponga el orden y no les llegue a cantaros el dinero como ha ocurrido hasta ahora con los Correas, Evos, Ortegas, Castros, Kichner y otros audaces recipientes de los petrodólares que Chávez despilfarro mientras el pueblo moría de hambre, de sed, de falta de libertad y justicia. Se pone a prueba la fortaleza democrática de la oposición, que debe como nunca estar férreamente unida en torno a un solo candidato que pueda suceder a Chávez imponiendo un gobierno serio, honrado, patriótico. Cualquier flaqueza en la ruta de la recuperación Venezolana sería imperdonable.