El tema de la vivienda como todos lo hemos experimentado, no se soluciona o por lo menos ello no ocurre en aquellas capas de la sociedad que viven de salarios mínimos, si es que los tienen, porque el desempleo sigue siendo galopante. Los planes de vivienda de los gobiernos están agotados, no hay cama “pa” tanta gene como dice la popular canción.
Y en el caso del esplendoroso Miami el asunto es duro y aprieta porque mientras mucha gente no tiene donde vivir, los rascacielos están volviendo a surgir por distintos lugares con lujos apartamentos que cuestan miles y hasta millones de dólares y obviamente solo están al alcance de inversionistas extranjeros o de quienes han logrado consolidar una buena fortuna en esta comunidad, que aunque no lo creamos, son muchos. Aunque no tantos como aquellos que no tienen con qué pagar el primer mes de una vivienda, un mes de seguro y el último mes, para que el arrendador tenga alguna seguridad.
La falta de vivienda, una necesidad prioritaria de cualquier persona o de una familia, está ahorcando a la gente y muy seguramente es causa del desorden social, de los atracos, los robos, los asaltos, los atentados contra la vida de las personas, la violencia familiar etc. Y el asunto se agudiza cuando las autoridades nos hablan de que es necesario destinar miles de millones de nuestros impuestos para ponerle techo a un estadio propiedad de particulares, o sea que a pesar de las protestas y las amargas experiencias con el estadio de los Marlins, vuelve y juega, dando la espalda a los problemas más angustiosos de una gran parte de nuestra comunidad a la que poco le importa la fastuosidad de los estadios a costa de los bolsillos de los contribuyentes, cuando ellos no tienen siquiera donde vivir con su familia.