Esta es la semana laboral más corta de la Unión Americana y lo es por un motivo tan especial como dar gracias a Dios por tantas cosas que a diario nos benefician. Es quizás una de las pausas laborales con mayor sentido, que envuelve especialmente a las familias que por estos días tratan de unirse, aun venciendo distancias, para celebrar y cultivar el amor que debe imperar siempre en los hogares.
A pesar de que tantas tensiones siguen embargando a la humanidad, desde la lamentable confrontación bélica entre Israelíes y Palestinos, las batallas legales por la pertenencia de los cayos de Roncador y Quitasueño en aguas limítrofes de Nicaragua y Colombia, los diálogos en busca de la paz de Colombia, la ansiedad por una reforma migratoria comprensiva en los Estados Unidos y el temor por un derrumbe fiscal, el desempleo, la falta de protección social adecuada, en fin, en medio de todo ello y mucho más, hay un alto en el camino para dar gracias por la vida, por el trabajo, por los padres, los hijos, las madres, por gobernantes honestos y con sentido social, por un presente con vida y un futuro con prosperidad.
El Día de Acción de Gracias, es sin duda un alto en un camino lleno de angustias pero también de bendiciones, que bien merece que celebremos con entusiasmo y buenos propósitos no solo a nivel familiar sino también de la comunidad en general. Y claro, con buen pavito de por medio.