Cero y van once. Es un número muy grande de policías corruptos, pero todo indica que la cifra seguirá creciendo, y eso es abominable en una sociedad civilizada como la nuestra. Es denigrante ver a policías esposados, sentados en el banquillo de los acusados en donde se supone que ellos deben sentar a los criminales y no estar sentados ellos. Pero esa es la triste realidad que estamos viviendo en el Condado Miami Dade. Algo que desprestigia la ciudad, desprestigia a la institución policial, a sus jefes y a sus integrantes, porque en conjunto han sido incapaces de hacer que impere la ética, la honradez, el respeto por la vida, honra y bienes de los ciudadanos que es su misión primordial.
Que mal ejemplo para nuestra juventud y para quienes hayan pensado en ingresar al cuerpo policial. Y que reprochable e irresponsable actitud de las altas autoridades que no han sido capaces de controlar esa corrupción. Los ciudadanos, con semejantes actuaciones, nos sentimos desprotegidos, temerosos de los policías, tal como ocurría con los chiquillos cuando los amenazábamos con ellos para que se portaran bien. Es indispensable que el Alcalde, los Comisionados, los Jefes que tengan una hoja de vida limpia, asuman la responsabilidad que les corresponde, estableciendo todos los filtros imaginables para que no se infiltren personas indeseables al cuerpo policial. No podemos seguir en las mismas.
Ya son once los policías convictos comprometidos en encubrimiento a narcotraficantes, a criminales, cometiendo delitos ellos mismos, y últimamente involucrados en la multimillonaria estafa al Servicio de Rentas Internas IRS y a miles de ciudadanos mediante el robo de identidad para hacerse a las devoluciones correspondientes a los income tax. No faltaba más que sean delincuentes infiltrados los que estén a cargo de protegernos y utilicen las armas y el poder que les otorga la ley para delinquir.