Como es habitual cada que ocurre una tragedia en la que se masacran niños y adultos en escuelas o en cualquier otro lugar, lo que se ha vuelto muy común, hay un gran movimiento nacional contra el derecho constitucional de poseer armas en los Estados Unidos. Pasado algún tiempo, todo vuelve a la normalidad, las tragedias y los dolores pasan a un tercer plano y en el olvido queda toda la tinta y la verborrea que se utilizó para condenar el uso de armas, condenar a los asesinos y protagonizar un gran show en el que participan desde el presidente hasta los vendedores de armas, los que se empecinan en que se respete el derecho constitucional, los padres de familia, los maestros y una gran parte del pueblo en general.
Lo cual es sumamente lamentable puesto que todo pasa en vano hasta que otra vez algún loco desadaptado social cometa otra masacre. Esta semana ha sido crucial en ese sentido y como era natural, obvio, como corresponde el señor Presidente anuncio medidas para prohibir la comercialización de fusiles de asalto y otras medidas que de inmediato han sido rechazadas por aquellos grupos que hacen de las armas un inmenso negocio, y por quienes defienden la seguridad personal frente a tanta delincuencia. Toda clase de voces se levantan para ser parte del debate, mientras la venta de armas crece, se multiplica y cobra gran fuerza en toda la nación.
Todo ello nos hace pensar que hay otro tipo de armas para luchar contra los delincuentes y los locos asesinos, entre ellas la fuerza de la palabra, la predica constante del respeto por la vida, el mensaje permanente en las escuelas, colegios y universidades, en los templos, en los negocios, en los medios de comunicación, en las empresas, en todas partes, de lo que significa la vida, de los grandes valores humanos que deben imperar en una sociedad civilizada. Pero claro, hay que respetar y apoyar todo lo que se haga para poner a salvo a la sociedad de tanta descomposición social, de tanta iniquidad.