Algo malo, muy malo tiene que estar pasando en la estructura policial del sur de la Florida, cuando constantemente son policías, llamados a ser los guardianes de la ley, los protectores de la ciudadanía, los que se ven envueltos en toda clase de delitos. Ya es largo el historial de policías que han fracasado en posiciones administrativas, como el ex alcalde Carlos Alvarez, hoy campeón físico cultural , pero lo grave es que muchos han caído en delitos tales como protección a narcotraficantes, violencia doméstica, encubrimiento en desfalcos, homicidios, violaciones, policías envueltos en fraudes, o comandantes que se pelean con sus superiores, que son inferiores a sus altas responsabilidades, policías que desde sus poderosos sindicatos exigen más y más salarios y prebendas, policías que violan las normas de velocidad y vuelan por las calles y carreteras como si fueran de su propiedad.
Hoy, para no ir muy lejos la prensa da cuenta del arresto de un ex agente por tratar de estrangular a su esposa. Y muy a menudo los comandantes cambian, bien sea por su voluntad, por jugadas de políticos o por ineficacia en el cumplimiento de sus funciones. Siempre hemos apoyado a los policías en sus actuaciones legales por cuanto exponen su vida ante la ola de delincuentes, pero lo que viene pasando aquí repetidamente hace que se pierda la confianza y el respeto hacia ellos. Todo lo cual revela que hay fallas estructurales que corregir en la preparación de los agentes, en el control de su ingreso, de sus antecedentes, sus conductas personales, su preparación cultural, y su modo de actuar frente a la sociedad, que en vez de sentirse protegida , teme y rechaza a los guardianes del orden.