Por mas que uno quiera, es imposible alejar de la mente el horrendo crimen de la escuelita de Newton. Cada anochecer, cada dia, cada amanecer no pensamos en otra cosa y la gente se cuestiona y busca explicaciones y propone soluciones y habla aterrorizada de lo que ha conmovido al mundo y suma una tragedia mas a una ya larga cadena de asesinatos colectivos de lo mas valioso que tenemos, los niños, que son el futuro.
Que horror!, que desesperación!
Y si eso nos pasa a nosotros en la distancia, que diremos de los pobres padres de familia, de los de Newtown y los de todas las escuelas a las que en la mañana acuden los niños pero no sabemos si volverán con vida, si serán violados o asesinados. Nadie encuentra explicaciones, ni los gobernantes ni los lideres de la educación que hacen toda clase de esfuerzos para implementar medidas de seguridad, controles y toda clase de medidas de prevención.
Pero ante la maldad de hoy, ante las mentes enloquecidas, ante los inadaptados sociales, ante los permanentes mensajes criminales que nos llegan a traves del cine, la televisión y las redes de comunicación social que desde muy temprana edad manejan los niños, ante la venta abierta al publico de armas de todos los calibres, ante los desequilibrios mentales de hombres y mujeres desadaptados, renegados, sin mas imaginación que para vengarse y atacar a la sociedad, todo parece impotente. Y lo peor es que nadie, ni las autoridades ni la sociedad encontramos como atajar esta epidemia horrenda de crímenes, que hoy nos conmueve por la tragedia de los niños de Newtown pero que en menor medida y a todos los niveles ocurre todos los días, a mañana, tarde y noche, en cualquier esquina, en cualquier hogar, en cualquier sitio. Para los criminales no hay tiempo, ni hora, ni lugar. Solo victimas.