No hay de otra. Faltando solo un día para que termine la votación adelantada en Miami Dade y a solo tres días del momento cumbre de la campaña por la Presidencia de los Estados Unidos, ningún otro tema tiene cabida. Es lo que está en la mente de los ciudadanos y por ello es indispensable recalcar las prioridades de los electores. Que siguen siendo encabezadas por la economía.
Es el problema número uno de los estadounidenses, los niveles de pobreza, la perdida de viviendas, la falta de crédito, las alzas constantes en los productos de la canasta familiar, en la gasolina, el desempleo que es precisamente culpable de muchas cosas, entre otras la depresión en el consumo y las calamidades familiares.
Todas las encuestas así lo señalan y con sobrada razón. Un atinado corresponsal nos dice en una carta que “el mensaje del aspirante presidencial republicano Mitt Romney sobre la creación de empleos y el movimiento de capitales convence mas que las palabras del presidente Barack Obama sobre el mismo tema”. Y añade algo en lo que coincide con grandes corrientes de opinión y analistas: “el gobierno grande que interviene en todo y pone controles no ha funcionado en ninguna parte, como estamos viendo en Europa. Es un error gastar miles de millones de dólares en políticas de ayuda y rescate: hay que dejarlo todo a la libre empresa, a las fuerzas ciegas del mercado, a la iniciativa personal.
Y no aumentar los impuestos a los ricos, porque ellos son los que crean empleos”. Ahí está la disyuntiva, y el argumento central que parece orientar a los votantes en este histórico proceso que ha de culminar el martes próximo. Así que el cuentico de la conquista del voto hispano con más promesas no cumplidas de un estatuto migratorio es simplemente un argumento baladí frente a la realidad del impacto económico que nos viene agobiando y que inspira a la mayoría de los votantes. A votar que es un compromiso ciudadano.