Nunca antes en nuestra ya larga vida periodística habíamos visto un espectáculo tan denigrante de idolatría y culto a la personalidad, que el que “montaron” ayer los escuderos de Hugo Chávez, en un acto de masas pagadas, llevadas a la plaza publico bajo amenaza de perder su puesto y ser perseguidos.
Rubricando las flagrantes violaciones a la constitución de Venezuela que tano dicen defender exhibiendo a toda hora una miniatura de su texto, durante interminables horas inmaduros líderes como Nicolás y el descabellado Diosdado, incitando al pueblo con discursos plebeyos, incoherentes, chusmeros, sin fondo, vociferando embriagados de poder y ansias interiores de que su comandante presidente no regrese para hacerse ellos al mando.
Que inmoralidad, que desfachatez, que traición en medio de alabanzas sin fin proclamadas voz en cuello por unos dictadorcillos como Evo Morales y Daniel Ortega y el presidente ex guerrillero de Uruguay. Solo por la responsabilidad periodística aguantamos semejante espectáculo inédito en la vida política de cualquier país, pero sin duda mucha gente sintió asco y se apartó del televisor en actitud de mentalidad sana.
Qué horror! Qué vergüenza para Venezuela con unos dirigentes de pacotilla dando supuesta posesión a un presiente ausente de cuyo estado de salud poco se sabe, porque el ocultamiento hace parte del engaño a que someten al pueblo para poder conservar las riendas del poder, desconociendo todos los cánones constitucionales, violados miserablemente, mientras insultan a la oposición democrática que reclama justicia, libertad y respeto por los principios fundamentales del bravo pueblo, sometido por presuntos líderes enriquecidos caudalosamente usurpando los dineros del pueblo y la riqueza nacional. Sombrío futuro para un país que poco a poco la camarilla Chavista va hundiendo en las tinieblas de la descomposición social, política, cultural y económica.