Escándalos y acontecimientos de muy diversa índole nos conmueven a diario en muchos frentes: en la economía, en la educación, en el comportamiento de los policías, en las relaciones de los países, en las violaciones del orden público, en los robos al medicare y medicaid, en los asaltos bancarios, en la corrupción que se desborda por todas partes, en la violencia doméstica, en los abusos sexuales, en las actuaciones indecorosas de algunos políticos.
Vivimos un agitado mundo de sobresaltos que en lugar de descender, crecen día por día. Y al mismo ritmo de repente aparecen nuevas formas de delincuencia o de comportamiento irracional, como cuando secuestran niños, se los roban de los hospitales o los mantienen encerrados, maniatados y vejados. Todo lo cual nos lleva a concluir en un deterioro continuado de los principios morales, que cuando se observan, contribuyen a que vivamos en una sociedad más comprensible y más llevadera y cuando no, nos precipitan a la descomposición social. Y todo ocurre a nivel de pequeñas o grandes comunidades, confundidas por los avances de la tecnología y por el desordenado comportamiento humano.
Todo lo cual conduce a que en lo posible, cada día o cada semana hagamos examen de conciencia para tratar de establecer en qué nivel estamos dentro de ese marco de hechos negativos y formularnos propósitos de convivencia ciudadana, de compasión y respeto por los derechos de los demás. Todo en busca de una mejor calidad de vida de la comunidad.