Los periodistas ya no sabemos cómo titular, como presentar ante la opinión publica todas las atrocidades que a diario se cometen contra la integridad de las personas. Son tantas y tan crueles que se agotan los adjetivos, las apreciaciones, los ruegos, los clamores por el respeto a la vida, que es la más vulnerada en todos los rincones del planeta bien sea por guerras fratricidas, por disputas de poder, por confrontaciones tribales, por terroristas o narcotraficantes. No hay día que en el sur de la Florida, especialmente en el Condado Miami Dade no ocurran delitos macabros, homicidios, suicidios, niños abandonados, asesinados vilmente, mujeres violadas, algunos cometidos por personas que llevan aparentemente una vida normal, pero que en su interior están cargados de instintos criminales o de convicciones adversas.
Todo lo que ocurre supera la capacidad de control de las autoridades, pero deja en claro lamentablemente la descomposición social de grandes sectores de nuestra población, en su gran mayoría inmigrantes, aunque no hay que desconocer otros sectores que también son parte integral de esta sociedad. Nos aterra y espanta el derramamiento constante de sangre inocente en nuestras calles y barriadas, pero de igual manera la indiferencia general para condenar los delitos, para buscar mecanismos adecuados que lleven a los sectores más afectados por la delincuencia mensajes y campañas de tipo social que tiendan a combatir el delito y concientizar a los sectores más vulnerables sobre las normas esenciales del valor que tiene la vida y la necesidad imperiosa de que impere la armonía familiar y comunitaria, respetándose unos a otros y defendiendo solidariamente los valores fundamentales de una sociedad civilizada.