Cuando a comienzos de semana dijimos que por fin la reforma migratoria estaba a la vista, es decir a tiro de escopeta como se dice popularmente, no faltaron los amigos que me pidieron cautela, tranquilidad, calma y control a las emociones. Lo que pasa es que la ansiedad es mucha por parte de millones de personas de nuestra misma etnia y el compartir con muchos de ellos las angustias de la falta de documentos, hace que cualquier asomo de reforma nos emocione.
Por qué la incertidumbre ? Por declaraciones como las que le escuche esta mañana al Congresista Mario Díaz Balart que después de recordar sus esfuerzos junto a la representación de Miami Dade en Washington por avanzar en el tema, dijo algo que nos cayó como un baldado de agua helada. La reforma, como va, tiene un 5% de que salga adelante.
Es decir un 95% de que naufrague. Horror de horrores, después que tocamos campanas y levantamos voces de alegría para presagiar el avance de la reforma –como lo sigue prometiendo Obama desde que se posesiono, no ahora sino hace cuatro años- y como lo demuestran ante los medios de comunicaciones senadores y representantes de los dos partidos políticos que esta semana nos han hecho creer que la reforma está a la vuelta de la esquina.
Desgraciadamente, según lo dicho hoy por Díaz Balart, el asunto sigue siendo más que complicado, va mucho más allá de los acuerdos y crea más y más dudas sobre su éxito. Así que sangre fría, pero no en los millones de indocumentados que siguen viviendo de ilusiones y que tendrán que continuar la lucha sin el menor desmayo, con el apoyo de quienes logramos dar el salto a la ciudadanía y no podemos abandonarlos en su lucha.